miércoles, 16 de agosto de 2017

l´océano de noche.




cómo se siente que te hagan un poema,
que te lo escriban, que lo publiquen, que te lo lean,
que alguien agarre y te encierre entre sus versos,
que te ponga en ese lugar
de adoración, de exposición, de no replica,
de a veces gloria y a veces escarnio,
que te veas desde otros ojos,
que te escuches desde otra voz,
que sean el cuaderno, la pantalla, la oralidad,
nuevas dimensiones de la existencia
donde la esencia de tu persona,
-ya diluida o exacerbada-
se derrama involuntariamente sobre les demás,
que un texto te complemente o te desvirtúe,
que te conviertan en el hit de un repertorio poético
y te reciten hasta el cansancio en este o aquel evento,
Rocío dijo que a ella si le dedicaron uno: un haiku,
después dijo "miento" porque no era uno,
eran dos o tres o no se acordaba bien,
lo que si se acordaba es que todos hablaban del mar
y ese detalle medio le parecía un bodrio
y en eso saltó Juli agrandado
diciendo que a él le habían escrito un blog entero
y los tres sabíamos que era verdad
pero nadie le preguntó cómo se sentía
porque Juli venía de otro palo,
entraba y salía de la cocina tirando pasos de baile hardcore
mientras nosotres le repasábamos la lista de mandados
y bajó las escaleras presagiando "encuentran a joven muerto,
asesinado por patota cuando iba a comprar pan rallado",
y encaró la dura calleja platense,
que se pone más dura con cada noche que pasa,
protegido por su canguro de Burzum,
prometiendo volver enseguida,
promesa que se fue dilatando
haciendo crecer nuestra incertidumbre
hasta que Rocío se afirmó definitivamente del balcón,
en un gesto que decía más sobre cariño
que cualquier poema
o dos o tres o un blog entero,
de pronto la piba era Perón
dirigiéndose a una ardorosa multitud invisible,
congregada masivamente sobre calle cuatro
para escuchar su mensaje al pueblo argentino
pero aunque era poeta no utilizó palabras,
hablo desde la inquietud de su mirada,
hablo desde los vaivenes de su cuello,
hablo desde la fuerza con que sus manos apretaban la baranda,
hablo desde las cien veces que revisó el wassapp en esos minutos,
y en sus oídos se llevó la música menos maravillosa del mundo,
que fue para ella un silencio
que no le traía pisadas familiares volviendo a casa,
hasta que la puerta se abrió de golpe y el Juli cayó en sus brazos,
transformando el balcón en un 22 de Agosto del 51 cualquiera,
devolviéndonos la calma necesaria para seguir hipotetizando
cómo se sentía que te hagan un poema,
cuál era nuestro promedio de chape
o cuántos likes había que intercambiar en facebook
antes de iniciar una conversación estratégica
que condujera a fines más o menos amorosos
sin parecer un creepy,
volví a mirar y ya no éramos nosotros,
la escena era otra y los papeles también,
tripulación del Orca, océano Pacifico de noche,
Roberto, Ricardo y Roy, versión marina de cabin fever,
completamente borrachos, vándalos a la deriva,
vaciando botellas, rebalsando vasos, desentonando canciones,
vociferando barrabasadas entre llantos y carcajadas,
vacilando en altamar, una bandada de bandar-logs,
lloraba la ballena, llenaba de emoción,
llamaba la sirena, sangraba el tiburón,
la mar no estaba serena y nosotres tampoco,
servía la compañía para embotellar la pena,
cuántos mensajes lanzados a las olas de Internet Explorer,
la máxima cúpula del veganismo federal también salía de pesca,
comparaba cicatrices resultantes del apego o el despegue,
craneaba cómo subir el promedio de chape
o la forma más rápida de embarazar a un/a poeta
con la inspiración suficiente para que nos dedique un poema
y así protegernos un poquito de ese arrebato decisivo
que la vida nos tenía preparades,
fuera éste una patota en la calle
fuera el amor, su falta o un jodido tiburón asesino. 
 

miércoles, 9 de agosto de 2017

jirafas.



dos jirafas calientes
empujan la puerta y entran a los tumbos en la pieza,
derriban sillas, floreros y un portarretratos
enmarañadas en el bruto forcejeo de las ganas
que las domina y les urge sacarse,
tropiezan juntas, se sostienen, se ríen,   
desordenan lo desordenado,
se alteran y son alteradas,
inspiran y exhalan con fuerza
sobre los labios y la nariz
de la que inspira y exhala con fuerza
sobre los labios y la nariz
de la que tiene delante,
se mordisquean, se salivan, se agravian
de las peores y de las mejores formas,
se intensifican, se exaltan, se sustraen, se conceden,
se zarandean mutuamente rincón a rincón
hasta despatarrarse encima de la cama
y retrepan la una sobre la otra
cargando todo su peso en la embestida
que machaca y machaca y machaca
incendiario petting al centro de los iliones

dos jirafas desenfrenadas
consuman la más ardiente y postergada fantasía,
apretujadas, incomodas, desvergonzadas,
ajenas al playlist del tube
que no pincha Sade, ni Le Tigre, ni CSS,
ni "Closer" de Kings Of Leon, ni "Espada" de la Javiera,
que privilegia una excelente banda tributo llamada Amy Winehouse,
inapetentes a la delicatesen que dejaron enfriar sobre la mesa
mientras la soda pierde su gas en los vasos
y ellas se alimentan de placer
hociqueando y lamiendo y rosando
cartílagos, orificios, turgencias,
ciegas al girar de este planeta
que las arrastra directo hacia la extinción
haciendo presidenciables a irascibles tipejos
que amenazan con destruirnos a misilazos cada semana,
acelerando el ritmo de los deshielos y la próxima guerra
que se llevará puesta los restos de Argentina,
lo que sobreviva a Cambiemos,
a los narcos, a las razzias, al vecino armado
y a un Estado que te desaparece y desaparece
apresurando, qué digo, justificando
 la necesidad y urgencia de amar,
de afirmar esto entre tantos interrogantes.

dos jirafas follando,
se besan, se estremecen, dan coces,
tiembla el rosario en la pared,
mueren los tirantes de la cama,
dos cuellos rígidos, palpitantes, enhiestos
enredándose en el vértigo de lo animal,
enhebrando camellos por la cara de San Marcos,
trenzadas como serpientes batiéndose a muerte,
pujando violentamente sobre sí mismas,
habiendo superado cuántos obstáculos para llegar hasta acá:
reflejo de Flehmen, testeo de orina, necking,
décadas y décadas de safaris financieros del reservorio,
vencido el paradójico sueño, galopada la sabana
para hundirse triunfal e irremisiblemente   
vertebra a vertebra de atlas-axis en el coxis espejado,
no percatándose en lo absoluto de mi presencia,
de mis brillantes ojos de perro y mi lengua,
testigo lascivo de su lascivia, memorizador del momento,
que amenazado por la proximidad del clímax
decido salir de escena.

dos jirafas cogiéndose en un poema
merecen cierta privacidad.