miércoles, 27 de septiembre de 2017

pendejos.



Primavera del 79: Villa Zula es un gran baldío,
de la Mitre para este lado pampa indomable,
secuencias de far west y gauchos en estanciera,
el amor joven desafía estas dificultades,
florece un tallo de entre las piedras y puebla la nada,
construye nidos, rompe cascarones, se anima a volar,
el cuento de hadas se hace momentáneamente creíble,
el cincuenta y dos-sesenta y uno se prepara para recibirte,
la pulsión genocida se saltea uno o dos latidos, no importa,
mañana tendrá preparadas sus cárceles para diezmarte
cárceles de tiempo muerto, de futuro no planificado, de psicofármacos,
cómo advertirte que es mejor no salir de ahí,
que es una trampa, que te están esperando,
que te quedes a dónde estás,
mi aviso se desvanece junto con la oscuridad tibia en que flotás,
le sacan el tapón a la pileta y ahí estás vos,
manos enguantadas te arrastran hacia la luz,
llegás con el sonido de papel arrancándose,
llegás con un brillo distinto en los ojos,
llegás y tenés tu destino sellado,
las fotos dicen que viviste pegado a tus hermanos,
en un verano interminable, al borde de la pileta,
fascinado por la cámara, parodiando a Alfonsín,
suspendido por la inmaculada gracia de la fotogénesis
que nada registra de tus andanzas por el jardín de Nelly,
escapándole al castigo, tramando el siguiente escándalo,
abriéndote paso al frente de la jauría, del blitzkrieg, del malón,
sostengo tu retrato, le hablo pausada/afectuosamente:
"todavía tenés tu inocencia, cuidála",
escucháme pidiendo que valores lo que ya perdiste,
nunca supe a dónde te fuiste
o si encontraste lo que buscabas,
tu mirada pregunta cosas que no sé cómo responder,
siento que me llama, que sólo yo puedo escucharla,
que nadie más conoce su idioma.

Mayo del 87: la gentrificación expande los barrios orilleros,
nietos de inmigrantes, migrantes, desarraigados, hipotecados,
todos empujados hacia las márgenes de Montevideo y once,
el amor aún sigue desafiando estas (y otras) dificultades,
acomodando pichones en el nido, destapando atunes,
cerrando el pago del encofrado, de las aberturas, de la grifería,
acumulando vajilla envuelta en diarios y muebles bajo sabanas,
ululantes fantasmas cuadriformes que me atormentan la infancia,
flamantes estatuas glorificando un goce postergado indefinidamente,
un tiempo añorado donde la casa sí está terminada, donde no falta espacio,
donde no nos asfixiamos mutuamente, donde ninguno está de más
y por más que hago memoria, no recuerdo el día que nos conocemos,
el encuentro es tan lejano que los años te hacen más joven
y el pasado borra los hechos y los reescribe como ficción,
desde el canasto de mimbre te observo, te mido, te aprendo,
trato de adivinar quién sos  y de qué está hecho el lazo que nos une,
sos terrible entre los terribles, un tahúr de dedos quebrados,
verdugo sin cabeza, peón y cacique,  pluma y soldado,
me empujás a los mismos senderos donde te llenaste de espinas,  
replicás con exactitud la violenta mayéutica envenenadora de simpatías,
tus ojos un espejo cruel donde mi imagen se distorsiona hasta envilecer,
curvás mi entereza, mansillás mi conciencia, desaparecés,
¿por qué insisto en hacerme cargo de cada demonio que te tortura?
contra tu deseo qué, contra tu deseo nada, somos pendejos,
decís que nadie te escucha pero vos tampoco escuchás,
sos terrible entre los terribles.

Postales de fin de siglo: la cosa se desmorona y la casa también,
la pintura se descascara y cae como ceniza sobre nuestras cabezas,
crecen los silencios, la frecuencia de los desmayos, la incertidumbre,
son días furia, sin dirección, de colchones en el piso y trenes a Luján,
apuntando el miedo a la rabia, siguiendo la rabia al dolor, dejándonos ir,
veo tu sangre derramarse por colmar no sé qué vacíos
y las horas se vuelven un interminable desfile de malas noticias,
esperando siempre lo peor, recibiendo siempre lo peor,
hasta que el vuelo de alas toxicas termina en una jaula,
ahí conocés a Dios, por él prometés salvarte, la nueva venda en tus ojos,
mamá no es un instrumento de tu salvador,
ella es lo único real en esta pesadilla,
un acto vivo de fe, peregrinando a Open-Door,  
apostando ciegamente a una causa perdida,
saltando de un convoy al otro para ir a verte cada domingo,
volviendo de madrugada con la cabeza llena de miedos,
quemando 43/70 en el lavadero, interviniendo cartas, decodificando,   
paciencia, ¿dónde estás? ¿por qué me dejaste?
¿podré desatar el nudo que me separa de los que amo?
cordura, ¿dónde estás? ¿por qué me dejaste?
¿podré desatar el nudo que me separa de los que me aman?
suerte, ¿dónde estás? ¿por qué nos dejaste?
¿podremos volver a amarnos como si fuera el primer día?
¿podremos volver a amarnos como si fuera la última vez?
¿podremos volver a vernos, volver a amarnos, volver a ser?
soy el pendejo que duda si le preguntan cuántos hermanos tiene
y vos sos terrible entre los terribles.

Al final: el final no es el final,
caminando la pena se acomoda,
se descubren lenguajes escondidos bajo el silencio,
se descubren respuestas agazapadas en la memoria,
se descubren deberes que nos exigen y nos demandan,
me estoy obligando cada mañana a salir de la cama,
para que mi amor siga desafiando estas (y otras) dificultades,
para que nada me detenga hasta la llegada del reencuentro
y es tanto el tiempo que falta para ese día
que los años te harán más joven y el futuro santificará cada pecado,
colocando una aureola nimbada alrededor de tu cabezota,
reeducándonos abruptamente en la ternura que jamás tuvimos
o que teníamos y no quisimos compartir por temor o por vergüenza,
por esa hombría que te engañó y que a mi casi también.

miércoles, 16 de agosto de 2017

l´océano de noche.




cómo se siente que te hagan un poema,
que te lo escriban, que lo publiquen, que te lo lean,
que alguien agarre y te encierre entre sus versos,
que te ponga en ese lugar
de adoración, de exposición, de no replica,
de a veces gloria y a veces escarnio,
que te veas desde otros ojos,
que te escuches desde otra voz,
que sean el cuaderno, la pantalla, la oralidad,
nuevas dimensiones de la existencia
donde la esencia de tu persona,
-ya diluida o exacerbada-
se derrama involuntariamente sobre les demás,
que un texto te complemente o te desvirtúe,
que te conviertan en el hit de un repertorio poético
y te reciten hasta el cansancio en este o aquel evento,
Rocío dijo que a ella si le dedicaron uno: un haiku,
después dijo "miento" porque no era uno,
eran dos o tres o no se acordaba bien,
lo que si se acordaba es que todos hablaban del mar
y ese detalle medio le parecía un bodrio
y en eso saltó Juli agrandado
diciendo que a él le habían escrito un blog entero
y los tres sabíamos que era verdad
pero nadie le preguntó cómo se sentía
porque Juli venía de otro palo,
entraba y salía de la cocina tirando pasos de baile hardcore
mientras nosotres le repasábamos la lista de mandados
y bajó las escaleras presagiando "encuentran a joven muerto,
asesinado por patota cuando iba a comprar pan rallado",
y encaró la dura calleja platense,
que se pone más dura con cada noche que pasa,
protegido por su canguro de Burzum,
prometiendo volver enseguida,
promesa que se fue dilatando
haciendo crecer nuestra incertidumbre
hasta que Rocío se afirmó definitivamente del balcón,
en un gesto que decía más sobre cariño
que cualquier poema
o dos o tres o un blog entero,
de pronto la piba era Perón
dirigiéndose a una ardorosa multitud invisible,
congregada masivamente sobre calle cuatro
para escuchar su mensaje al pueblo argentino
pero aunque era poeta no utilizó palabras,
hablo desde la inquietud de su mirada,
hablo desde los vaivenes de su cuello,
hablo desde la fuerza con que sus manos apretaban la baranda,
hablo desde las cien veces que revisó el wassapp en esos minutos,
y en sus oídos se llevó la música menos maravillosa del mundo,
que fue para ella un silencio
que no le traía pisadas familiares volviendo a casa,
hasta que la puerta se abrió de golpe y el Juli cayó en sus brazos,
transformando el balcón en un 22 de Agosto del 51 cualquiera,
devolviéndonos la calma necesaria para seguir hipotetizando
cómo se sentía que te hagan un poema,
cuál era nuestro promedio de chape
o cuántos likes había que intercambiar en facebook
antes de iniciar una conversación estratégica
que condujera a fines más o menos amorosos
sin parecer un creepy,
volví a mirar y ya no éramos nosotros,
la escena era otra y los papeles también,
tripulación del Orca, océano Pacifico de noche,
Roberto, Ricardo y Roy, versión marina de cabin fever,
completamente borrachos, vándalos a la deriva,
vaciando botellas, rebalsando vasos, desentonando canciones,
vociferando barrabasadas entre llantos y carcajadas,
vacilando en altamar, una bandada de bandar-logs,
lloraba la ballena, llenaba de emoción,
llamaba la sirena, sangraba el tiburón,
la mar no estaba serena y nosotres tampoco,
servía la compañía para embotellar la pena,
cuántos mensajes lanzados a las olas de Internet Explorer,
la máxima cúpula del veganismo federal también salía de pesca,
comparaba cicatrices resultantes del apego o el despegue,
craneaba cómo subir el promedio de chape
o la forma más rápida de embarazar a un/a poeta
con la inspiración suficiente para que nos dedique un poema
y así protegernos un poquito de ese arrebato decisivo
que la vida nos tenía preparades,
fuera éste una patota en la calle
fuera el amor, su falta o un jodido tiburón asesino.