sábado, 15 de septiembre de 2012

aquí y allá y en todas partes.



Están los tanques de agua, los cables eléctricos y las antenas de te-ve
están los techos de las casas, los faroles de la calle y algunos árboles
se recortan contra el cielo celeste hacia el fondo del horizonte
esta pequeña porción de paraíso suburbano me pertenece.

Están los grillos y están las ranas y están los sapos escondidos en algún sitio
están tocando su canción, poniendo a tono el crepúsculo del barrio
están los gritos y las puteadas de la cancha de fútbol cinco
y hay un avión disfrazado de estrella y ni una de ellas en el firmamento.

El sol se ha marchado, no sé a dónde está
está esta calma pasajera, chiquita, ficcional
está esta cerveza en mis manos, bajando por mi garganta, estacionándose en mi vientre
y está esta terraza desde donde miro el atardecer.

Están los mosquitos picándome las piernas
estás mis piernas cubiertas de tatuajes
rellenas de tornillos y con algunas cicatrices
y los mosquitos engordan con mi sangre posados sobre ellas.

Está este momento y quién sabe cuánto más pueda durar
mi corazón está inquieto
metido a la fuerza dentro de esta caja de carne y de huesos
apretando mis pulmones como si fueran gaitas escocesas, bombeando mala sangre sin parar.

En algún lugar de la ciudad está ella, también
no sé dónde ni con quién
pudo haberse marchado junto al sol
pudo haberse marchado para siempre.

No lo sé
pero su lugar parece a cada instante más distante.

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