martes, 2 de octubre de 2012

una certeza.



Así es
nos creíamos tan especiales
únicos
y, sin embargo,
aquí estamos...

Encerrados en las habitaciones del miedo
bien quietecitos y calladitos
de pronto, ya no tenemos tanto para decir
de pronto, todas las bocas están cerradas y las manos abiertas esperan
y la pregunta gira como un pez inquieto en nuestras cabezas.

¿Cómo pasó?
Pero, ¿cómo pudo ser posible?
otra vez, ¿otra vez?
los mismos errores, las mismas personas
volvimos a equivocarnos y
de pronto, ya no nos creemos tan especiales en nada.

El niño chiquito
que monta berrinches
dejo la casa hecha un desastre
y ahora duerme la siesta
y nosotros tenemos que reparar los daños.

Sería más fácil si supiéramos por dónde empezar o a quién recurrir
a veces creo que todo esto no ha sido más que un error
desde el comienzo.

Nadie quiere acostumbrarse al silencio de la no compañía
nadie quiere acostumbrarse al encierro de todas las cosas.

Sería más fácil si esta sensación me dejara
ella es muy fiel y me confunde
y ese niño.

Cuando escuchaba a mis padres discutiendo decía “yo no”,
“nosotros no”,
nosotros somos especiales
lo nuestro es algo único
y, sin embargo,
aquí estamos...

Y es una tontería hacerse a uno mismo tantas preguntas
darle tantas vueltas al asunto, ¿para qué?
si está tan claro
está tan claro
tan
claro.

Tan claro como la primera estrella del firmamento
tan claro como el último árbol de navidad del mundo
tan claro como la luz de tu casa cuando volvés y es de noche
tan claro.

“Palos y astillas” decían,
“palos y astillas” reí,
pero el fruto no calló lejos del árbol
creció y se desarrolló al cuidado de su sombra protectora
y ahora está echando raices.

Y, si me decís que no lo viste
mejor agarras un cuchillo
y te sacas los ojos
porque no ha habido nunca nada más evidente.

Nunca
nada
más
cierto.

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