miércoles, 7 de noviembre de 2012

envidia.



Hoy las veo en el micro
recién saliditas del cole
vuelven a sus hogares:
jovencitas, apuestas y alborotadas,
emitiendo pequeños destellos de magia,
llevándose el mundo por delante,
son capaces de acabar con todo con tan sólo una mirada
y yo las observo, sin ser visto, desde el fondo lúgubre del autobús.

Trenzan sus cabellos
en grandes oleadas salvajes de un cabello negro como el carbón
que se ven fácilmente domesticadas entre sus manos;
nada me produce más placer que observarlas hacerlo,
y sus risas y sus faldas y sus medias azules,
todo el conjunto me conmueve
y ellas se miran mutuamente, sin decir una palabra
y se entienden y se ríen y hay algo que no veo
pero está, existe, es real, sólo que es invisible para algunos

Trato de dilucidar cómo hubiera sido tener chicas así de compañeras en el secundario
cómo se debe sentir esa risa bien de cerca
cómo se debe sentir un abrazo de esas chicas
cómo se debe sentir que te inviten a sus casas,
después del cole, a tomar un jugo y a mirarse durante un buen rato sin hablar.
Sería el mejor rato de mi vida

Ahora todo parece más sencillo
a nosotros nunca nos tocó algo así
eso explica muchas cosas
cómo de dónde venimos y hacia dónde vamos,
ahora.

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