miércoles, 20 de febrero de 2013

la esperanza puso alas a todas y cada una de mis palabras

¿Qué hay de las palabras que se estrellan contra un muro? ¿Qué hay de las grandes distancias recorridas a pie? ¿Qué hay de los últimos actos heroicos? ¿Qué hay de las quijotadas? Los actos desinteresados, las largas esperas, los sacrificios del alma, todo se hace por amor, con amor, nada de esto sería posible sin él. Bien ya lo sabemos aunque nos hagamos los distraídos, los olvidadizos, los enojados. ¿Qué hay de la confianza diseminada como fichas de colores sobre el tablero del T.E.G? Las emociones cambian de lugar como las piezas en una partida de ajedrez ¿Quién estaría dispuesto a entregar a su rey para salvar a la reina? Aún a sabiendas de que la suerte que traiga la caída de los dados no dependerá de nosotros ni de la sinceridad con que ejerzamos nuestros actos ¿Quién? Un noble espíritu retrocede al casillero de inicio en una mala jugada y no puede evitar  preguntarse si el amor, ¿el amor es un juego o es un campo de batalla? Puede que  ninguna y las dos al mismo tiempo. Te queda una sola ficha y la estás haciendo bailar entre tus dedos desde hace rato, tienes miedo de perderla. Y en la vereda de enfrente: ellas, mostrándose radiantes con sus peinados, su ropa y su maquillaje. No han entregado ni una sola de sus fichas y se consideran hábiles jugadoras por ello. Lo cierto es que ni siquiera están participando del juego, lo cierto es que no tienen lo necesario para librar esta batalla ¿Qué hay de la vela en ese candelabro que llevas en tus manos? ¿Qué hay de la llama que has protegido a cada paso en este largo viaje hacia el corazón de la noche? Aún conservas la esperanza, lo sé, de poder revivir ese fuego, de volver a hacerlo arder, de poder calentar tu cuerpo, de poder secarte las ropas empapadas de tanto llorar. Sé que podrás y sabes que puedes sólo si encuentras la madera adecuada, sólo si buscas y no descuidas tu llama podrás encontrar, bien sabemos que no abunda esa buena madera. Y en cuanto a mi, bueno, pues, me has dejado hecho el muro de los lamentos, chiquita, y mis amigos están aprendiendo lo agotador que puede ser hablar con un muro, razonar con un muro, intentar ver a través de él, remover cada ladrillo y a escondidas acarician secretos planes de derribarme y, tal vez, será mejor así, tal vez sea lo mejor para todos, para todos menos vos, chiquita. Conserva tus fichas todo el tiempo que quieras, y que tengas buenas suerte.

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