sábado, 13 de diciembre de 2014

sólo el comienzo.



agazapado en un punto lejano del horizonte
el niño espiaba su propia soledad
sondeaba el cauto silencio que lo abrigaba
la frágil calma que amenazaba con eternizarse

sobre una loma desierta, tumbado de cara al sol
las manos enlazadas bajo su cabeza
el pasto amarillo crecido a los lados
el arroyo seco, los peces muertos, el calor húmedo
de una tarde que jamás volvería
que jamás podría recuperar.

nubes blancas navegaban un cielo celeste
y un tren de pensamientos descarriló hacia el abismo
llevándose consigo la ingenuidad
la inocencia primigenia del momento aquél

los hombres lo arruinarían todo
el tiempo lo destruiría todo
tal era la naturaleza de las cosas

el niño aquél
la soledad perteneciente
la loma raleada de pastos
el sol calentando su cara
el arroyo de lecho seco y cauce irreductible
el cielo y sus colores
todo
destruido
por el hombre

él mismo contribuiría a ése fin

horrorizado, guardó el secreto bajo tierra,
regando de lágrimas el suelo,
y se marchó
conciente de que ya nada volvería ser lo mismo

el niño no volvería a ser el mismo
la soledad no volvería a ser la misma
el lugar aquél, con su sol, su cielo y su arroyo
tampoco volverían a ser los mismos

un abejorro pasó zumbando a su lado
era negro como el carbón y poseía una picadura letal
el niño se destuvo y esperó a que el insecto se alejara

los peligros están por todas partes, pensó,
y aquél fue sólo el comienzo.

martes, 25 de noviembre de 2014

bajo la alegre luz de los faroles villazulenses.



el viejo todavía fumaba ese verano
lo hacía por una cuestión de habito más que de necesidad
aquello fue mucho antes de que cayera enfermo

lo recordaba parado en el umbral de la cocina
deteniendo con su cuerpo la puerta fiambrera
con un L & M encendido en la boca
pidiéndole que lo acompañara a comprar helado

y él lo seguía
siempre lo había hecho
desde el principio sentía que debía seguirlo
acompañarlo, obedecerlo
compensar al ejemplo aquel que nadie más seguía
ni acompañaba, ni obedecía

atravesaban juntos la reja, el jardín
y dirigían sus pasos calle arriba
rumbo a la avenida
que, con cada nuevo verano,
se engalanaba de coloridas heladerías de fugaz existencia

caminaban tomados de la mano
bajo la alegre luz de los faroles villazulenses
que proyectaba fantásticas sombras en el pavimento
que desdoblaba su cuerpo en siluetas grises
que transfiguraba la cruel percepción que tenía de sí mismo
que lo presentaba encumbrado, soberano y decidido
amaba ese mágico has de luz que lo adelgazaba

amaba ese momento de padre e hijo
amaba su pequeña mano sostenida en la del viejo:
nudosa
encallecida
proveedora
laboriosa
incansable
amaba esa caminata que los unía,
ese aventurarse a la noche en procura de un deleite para los demás
los hijos del viejo, sus hermanos

aquellos eran días felices y despreocupados para una familia feliz y despreocupada
día en los que todavía nadie era capaz de imaginar lo que vendría:
el pastor abatido y las ovejas descarriadas
la pesadilla del Roche
las camas del sanatorio
la redención demorada
las manos contra el paredón
una y otra vez, las manos contra el paredón
las piernas separadas
la voz oficial
el móvil
la primera
la segunda
la novena
todas
o
casi todas
la costumbre de pasar la noche en la comisaría
la desazón y la amargura de las noches que se hacían de día
y  los días que se hacían de noche
días sin novedad
la tortuosa pregunta sin respuesta:
¿en qué fallé?
disparar veneno, echar culpas
terminar con la paz
el final de los días felices y despreocupados


todo aquello que nadie quisiera tener en su vida
todo aquello que formaba parte de un caprichoso y empecinado designio,
ya desde el primer día,
todo aquello los retemplaría y los revestiría de valor
aquello no lograría doblegar al viejo
y a él lo precipitaría lejos, fuera de la niñez
dejaría huellas
llevaría tiempo
sembraría dudas
y los haría olvidar también, un malhadado día,
de aquel mágico momento de padre e hijo.

martes, 14 de octubre de 2014

un rosario de casitas en manos del arrebol.



El sol emerge triunfante de las aguas del río

salta encima del horizonte y rueda pesadamente sobre las casas del barrio

derrama su color en las chapas acanaladas de los techos

y va dejando a su paso, la celeste claridad de una tibia alborada



perros, pájaros y camiones de la basura

se precipitan de golpe en el sueño de los durmientes

al tiempo que una flota de relojes despertadores

bombardea la manzana en una atroz cacofonía

también la avenida traquetea bajo el paso de los buses que retoman su ciclo

al tiempo que cientos de canillas se abren en los baños

dejando salir el agua que cae en las manos,

que refresca los rostros,

que no alcanza a disipar los cansancios.



inexorable,

la rueda echa a girar nuevamente,

arrastra consigo los destinos de todos aquellos que viven en las barriadas



los vampiros vuelan a sus cuevas

dos ratis duermen en un patrullero aparcado a la sombra de la arboleda

los malandras hacen una última parada

se detienen junto a la puerta lateral de la panadería,

aplauden y aguardan pacientemente,

saludan con toda la amabilidad de la que disponen

y proceden a formular el respetuoso mangazo

retornan felices al aguantadero, comiendo facturas del día de ayer



en la cocina,

los jubilados manipulan las perillas del radio en busca de sintonía

dejaron pan viejo sobre la hornalla y el aroma empieza a llenar el aire;

revestidos de amargura y abnegación,

los laburantes ponen la pava sobre el fuego;

levantando la vista de sus apuntes,

los estudiantes saborean la desazón de otra noche entregada al conocimiento;

tapados hasta las narices,

los perezosos se enrollan en la sabana pidiendo cinco minutos más;

con un incendio voraz en el hígado,

los trasnochados se santifican frente al Uvasal,

prometiéndose en voz alta: “no tomo más”.



ajeno a todas estas historias,

las manos de un nene rebuscan dentro del paquete de galletitas surtidas

las de chocolate rellenas de crema sabor vainilla concentran su atención

envuelta en un raído desaville,

con la mirada cansada y una voz impaciente,

su madre le alcanza la mochila y le pide que se apure

los ronquidos de su padre –recién llegado del turno noche en la metalúrgica–

son la última imagen de su hogar que se lleva antes de salir

mientras la llave gira en la cerradura y le abre la puerta a un nuevo día.

viernes, 10 de octubre de 2014

a un paso del paraíso.



tan sólo tres pesos con cincuenta y

tengo asiento en primera fila para ver

la espalda, la nuca y el pelo

de la chica que me gusta

tan sólo estirar mi mano y arrebatar

para siempre una sensación

de gloria, de equivocación, de algo que contradiga al destino

tres módicos pesos con cincuenta

y ahí está

justo delante mío

los dientes que gustaría de hendir sobre mi carne,

las orejas donde escondería mis fantasías más reprobables,

la nariz redonda, turgente, pornográfica,  

los brackets… los brackets

ojos más negros que la noche en el África

para sumergirse dentro de ellos

para perderse

para olvidarse

para pasar al otro lado de la vida

los hombros caídos, el cuello delgado, los pechos diminutos

tan sólo tres pesos con cincuenta

y le doy a mi corazón el viaje de su vida

tres pesos

con cincuenta

y le doy a mis retinas algo que nunca olvidarán

tres pé

sos

con cincuenta

y a mi olfato un perfume que lo hará sentirse a un paso del paraíso

tres

con cincuenta

y mis manos nunca estuvieron más tentadas de cometer un crimen

de estirarse y tocar esa flor

de meterme en problemas

de iniciar un desastre

un viaje a la comisaría más cercana

la estadía en un hospital,

cortesía de un padre, un hermano, un novio

tres pesos con cincuenta

tan sólo tres pesos con cincuenta

rara vez nos damos cuenta de lo barato que sale

tener el cielo al alcance de la mano.

miércoles, 8 de octubre de 2014

y el cielo giraba sobre mi cabecita fresca.

¿por qué no hoy?
¿por qué no ahora?
¿por qué siempre para mañana?

¿por qué siempre errar por los mismos caminos:
el aplazo, la demora, el pretexto?

¿por qué seguir ahondando la huella en el circulo vicioso?

¿por qué?

en principio,
porque es tan apacible esta hierba creciendo en torno a mi,
rodeando con sus tallos todo el peso de mi cuerpo abatido,
y,
en segundo término,
porque
quería estar donde el destino pudiera encontrarme
también.

sábado, 30 de agosto de 2014

houdini.



había unas manos que me gustaba agarrar
y había una boca que me gustaba besar

y había unos ojos que miraba y me miraban

y nuestras miradas tendían un puente

y ese puente era un puente firme y estable

y sobre ese puente se paseaba a sus anchas el porvenir

y el porvenir se balanceaba de aquí para allá,

agitaba sus brazos desbordado por un genuino estado de excitación

y el porvenir señalaba un lugar en esos ojos

un lugar donde se hallaba guardado un futuro prometedor,

un futuro agradable de alivios y alegrías,

un futuro de mochilas compartidas y caricias que sanarían toda tristeza



había paseos que me gustaba dar

agarrado de esas manos que tanto me gustaban

que me hablaban en su propio lenguaje de manos

que me guiaban

que me aferraban

que nunca quería soltar

que me hacían sentir protegido

y

eran mágicas las manos,

porque de a poco me iban sacando fuera del pozo en el que estaba metido

y era mágica esa boca,

mágicos sus besos y

mágicas las palabras que caían fuera de ella  y que yo recibía como un bálsamo para mi cárdeno corazón   

eran mágicas las manos

porque me hacían creer que algún día terminaría la sensación de soledad que me embargaba

y,

terminantemente,

no existe nada que pueda compararse a la fe



también eran mágicos los ojos que miraba y me miraban

porque ellos me invitaban a viajar hacia un lugar donde el sol siempre salía

un lugar donde el sol hacia crecer las flores y estallaba sus perfumes

un lugar donde el sol derretía el hielo en los corazones de todas las personas;

un lugar donde la noche tenía las lunas más grandes, brillantes y amarillas de todas,

lunas que alentaban a los jóvenes a dar largos paseos nocturnos bajo su atento mirar amoroso



la dueña de esas manos, de esa boca, de esos ojos

era mágica

todo en ella exudaba magia

y era la número uno para mi



hasta que un día decidió desaparecer de mi vida

desapareció sin decir nada, sin despedidas ni gestos de reverencia

la consumación del acto aquel

fue el pináculo de su carrera en el arte del ilusionismo

tan sólo soltó mis manos,

apartó su boca y

cortó esa línea que nos unía

y me dejo hecho un conejo asustado que nadie va a sacar de su galera

ya nunca más.

jueves, 28 de agosto de 2014

querido padre.



me entristece el abandono que dejaste
el desuso de aquellos que fueron tus objetos más cotidianos
el olvido que amenaza con llevarte lejos de mí
el silencioso permanecer en la penumbra de la sala al que acostumbraste los lúgubres atardeceres de los últimos años de tu vida
echado en el sillón, envuelto en tu bata deshilachada, el rostro contraído en una mueca de amargura
las manos encallecidas, agotadas, vacías
quisiera volver hasta ese momento y sacudirte, decirte que no, que no lo permitiría
vos estabas ahí, sin decir una palabra, sin animarte a dejar entrever aquello que te carcomía por dentro
viejo,
a dónde te fuiste?
decime a dónde y te voy a buscar
el cansancio y el agobio con que salías de la cama y arrastrabas tus pantuflas a través del pasillo hasta llegar a la cocina
la pava llena hasta rebalsar hirviendo durante horas para obtener una taza de té que dejabas enfriar largo rato junto a la bacha de la pileta, de puro mañoso
los anteojos en su estuche aguardan junto al diario
el bolso cargado de tornillos, perros y pastillas esperándote para ir a Siderar
tu lado de la cama intacto junto a Cristina
tu lugar en la mesa
las herramientas en el galpón juntando oxido
la bordeadora tan callada en las tardes de sábado
la radio que ya nadie enciende: ya no hay partidos, ya no hay quinielas, ya no hay cumbias
Beldents negros, pomos de Noc 10, fragancia de Colbert y demás coqueterías en desuso
zapatos que ya no recorren el barrio
un rincón en la barra del Tiburón Azul que perdió su encanto
nietos que ya nadie aprieta en sus brazos
nietos que ya nadie chantajea con monedas para obtener su cariño
hijos que ya no escuchan tu voz inundando la casa de regaños
perros a los que nadie ladra
paredes que ya nadie golpea en largas noches de insomnio
un recorrido de ómnibus que parecía hecho en tu honor
un sueño que te espera para que lo vivas
un hijo que no te olvida
que
no
te olvida
y tiene miedo
de olvidar

te.

miércoles, 27 de agosto de 2014

verano en la ciudad.



Febrero me suelta su tufo caliente sobre la cara
me trae noches de calor y mosquitos zumbando en mi oreja
me trae gotas de sudor cayendo por mi espalda al amanecer
me trae fútiles estadías en piletas de lona
me trae televisación de los mejores cuerpos del verano
me trae aumentos descabellados en el precio del helado
me trae pereza, hartazgo y agobio
pero
también me trae otras cosas
ciertas tardes sentado en la vereda me trae su calma
una fresca y serena brisa que acaricia mis sentidos
y algo más
Febrero se porta generoso conmigo
en el silencio de la siesta de barrio puedo sentir como acerca sus pasos
es la chica del barrio que ha encendido mi ilusión
mis ojos relumbran de pura ansiedad
mis manos sudan y tiemblan, las muy ganosas
mis piernas me exigen que haga algo
todo mi andamiaje se descompagina
el corazón hecha a correr desquiciado
los pulmones reclaman un poco de aire
la boca seca ha enmudecido de pronto
la mera posibilidad causa estragos a mi sistema
y aquí viene ella
acaba de doblar en la esquina de 176
y sube en dirección a la avenida Montevideo
habrá de cruzar frente a mi de manera inminente
frente a mis ojos, mis manos, mis piernas y mi corazón
mi pobre corazón se estremece
despacio se acerca,
la siento llegar
quiero arrojarme a su paso y volverme imprescindible para ella
quiero entrar de improvisto en su historia y tener un rol protagónico
quiero ser el suelo bajo sus pies
quiero ser la lluvia que moja la maceta donde florecen sus gardenias
quiero ser el aire que se desliza gentilmente a los lados de su cadera
quiero ser la mano que enguanta las suyas cuando hace frío
quiero ser el sol que dora su piel deliciosa
quiero ser tantas cosas para ella
y ella
no me mira, no me saluda, no me sonríe
no sabe mi nombre
ignora que existo y suspiro por ella
no detiene su andar para cruzar unas palabras conmigo
y si supiera que muero por ella, haría de este momento algo diferente?
algo inolvidable?
algo más lindo?
algo más?
lo que sea estará bien para mi
ay, morocha de infarto
diosa del barrio bajo
llevas fuego entre las piernas
tan cerca y tan lejos al mismo tiempo
la cara limpia de maquillaje
el pelo recogido sin tanto artificio
no hay adornos
no hay ornamentos
todo es simpleza
todo es belleza
vestís de jogging y zapatillas de lona
y ese despojo para vestirte
permite adivinar la simpleza con que has de amar
caigo rendido a tus pies
sirena del río del Plata
algún día serás mía
algún día dejarás de ser el sueño húmedo en el que me ahogo por las noches
tantas noches
tantas de ellas
sin estrellas
sólo vos
brillando en la penumbra de mi pieza
hasta que un buen día llegue
y te quedes
y enciendas con tus labios esa vela
que aleje la soledad de mis días
de mi vida.

domingo, 17 de agosto de 2014

cumpleaños felices, primaveras y años nuevos.



“veni” le dijo extendiendo su mano hacia él

una mano delgada,

nívea,

de uñas esmaltadas

que suplicaba se acortaran las distancias entre sus cuerpos;

su voz,

de tono áspero y nasal,

atravesó flotando el living cubierto de sombras y de silencio donde dormían los perros

y llegó hasta él



despacio,

titubeante,

como si el pedido hubiera sido para otro y no para él

giró sobre su asiento y se paró

sonrió estúpidamente al ver que la mano lo solicitaba

le acercó su mano, ella la tomó y lo atrajo de un tirón

las bocas quedaron a un palmo de distancia ataviadas en una picara sonrisa

las caderas, los muslos, las rodillas sintieron alivio de tenerse cerca al fin

la timidez, la vergüenza, la incertidumbre fueron cediendo bajo el roce y la fricción de los cuerpos

cumpleaños felices, primaveras y año nuevos, todo junto lo tuvieron en un solo beso

brotaba miel de las paredes

acuartelados en el pecho los corazones pateaban las puertas exigiendo libertad

los palpitos eran tambores de la más perfecta música

se entrecortaban sus respiraciones

la inocencia se marchó temprano esa vez

y

la noche siguió su curso

llegaron más lejos

pero no tanto

ya era tarde

pronto alguien se despertaría y habría que darle los buenos días y dar explicaciones

se despidieron

se marchó

volvió caminando a su casa

muerto de frío, muerto de sueño y muerto de felicidad



se acostó

pero no logró dormirse

afuera ya era de día y había gorriones cantando en el jardín del vecino, autos rodando por la calle y carros tirados por caballos vendiendo huevos



antes de dormirse, experimentó un pánico novedoso,

le llegó tan pronto como supo dos cosas:

que podría acostumbrarse fácilmente a más noches como aquella

y que jamás podría acostumbrarme a perderlo
luego se durmió y se olvidó,
por unas horas,
de la flecha que hospedaba su corazón

viernes, 15 de agosto de 2014

el tamaño de tus dudas.



la vio de lejos y empezó a recordar

se fue acercando despacio, como asustado

la pileta de su infancia yacía delante suyo,

sumida en desolación, el pasto crecido a los lados

timorato, asomó su cara por uno de los bordes



ella le convidó su espejo de agua turbia

su lecho mustio de hojas muertas fondeado por los reptiles

la frondosa copa de los pinos sombreaba el rencuentro

ella

que había sido testigo de toda su historia

de su más remota inocencia,

cómplice de crímenes inconfesables

que había recogido su llanto con gentileza y devoción

hacía tiempo desde que sus profundidades dejaran de ser un misterio para ambos



el reflejo que devolvió la superficie era todo lo que quedaba,

todo lo que había

aquella era la mayor y mejor habilidad de ella: no sabía mentir

y le dijo,

sin pelos en la lengua,

que el tiempo había pasado y que

su huella tirana lo había cambiado

no más un niño

no un hombre todavía

tan sólo un tramo de vida

anhelante del pasado

pugnando por no terminar

abriéndose paso entre mil espectros

cadenas y grilletes roen tus tobillos

sirenas vierten almíbar en tus oídos

pero tu no te detengas

no importa el tiempo perdido

no importa el terreno ganado

no importa el caos y los abismos que se abran a tus pasos

no importa el tamaño de tus dudas

no importa las condenas que escupan sobre tu nombre

no importa que la decepción se trague tu confianza

no importa cuántos pilares se desmoronen envueltos en injurias

no importa cuántas trampas abran su boca y te inviten a caer

no importa esa tormenta sobre tus hombros

importa que no te detengas

importa que vuelvas dentro de un año y me digas:

acá estoy

no me detuve

no me

detuvieron

no han podido

todavía



tal fue su designio.

jueves, 14 de agosto de 2014

tendido en la cama de un amigo marplatense.



la noche sigue su curso

mientras los barcos hundidos fondean el océano
y las olas relamen la escollera desierta
el mar, oscuro y bravío, celebra un encuentro:
dos cuerpos celestes han coincidido en su trayectoria
y por un corto lapso de la noche
han decidido dejar a un lado su errático existir
para hacerse compañía.

no pueden disimular
esa flecha que descansa en su pecho los lástima
y los entusiasma
no pueden repeler
ese magnetismo que los hace andar pegados
y ese breve y eléctrico roce de los cuerpos enfundados en abrigos que estorban

caminan por la orilla
conversan
y comparten historias
comparan sus penas
y, muy secretamente,
evalúan para sus adentros
si la expectativa es la misma
si la fe depositada en el otro
es pareja
o definitiva
de algo.

al cierre
dejaron regada de huellas la playa
y sus labios sellaron un secreto
dejaron más huellas en otros lugares menos visibles
y la anatomía del otro dejo de ser un misterio inalcanzable

por una noche
por un instante
burlaron a sus destinos
y repitieron hasta el cansancio que todo esto es muy loco
luego disolvieron esa magia
y cortaron sus líneas
se despidieron
se alejaron
y volvieron a sus rutinas
a esa odiosa espera de que algo venga y rompa con tanta calma.

él sintió ese extraño alivio interior
que lo ha acometido cada vez que resulta ganador en esta disciplina
de medir y comparar desdichas
le reconfortó saber que aún no aparecíera una persona con una historia más triste que la suya
y tendido en la cama de un amigo marplatense, con su cuerpo reclinado contra la madera fría
pensó en
lo mucho que lo alegraba haberla cruzado
y lo mucho que lo alegraba haberla conocido
y lo mucho que lo alegraba haberla invitado a caminar
y lo mucho que lo alegraba haberle contado todo
y lo mucho que lo alegraba haberla abrazado tímidamente primero, decididamente después
y lo otro
y luego
, tal vez
y sólo tal vez,
volvería a casa y le escribiría un poema
a ella

¿quién sabe?

las probabilidades son infinitas
y el tiempo es tan tirano
y nadie debería sentirse abrumado por ello.

domingo, 10 de agosto de 2014

si yo fuera sus manos.

Si yo fuera su pelo dejaría de bailar contra el viento, con tanto garbo, con tanta libertad y elegancia desmesurada que tiemblo de sólo pensarlo. Dejaría de brillar -rojo como el fuego- a la luz de las farolas de la Avenida Montevideo, mientras el crepúsculo lanza sus encantadores rayos de frío y de sombras sobre nosotros y el ómnibus que esperamos pareciera nunca llegar. No volvería a despedir -en los momentos menos oportunos- mil fragancias provenientes de los jardines del Edén. Fragancias que evocan los días más dulces y felices de la niñez, perfumes que invitan a dormir la siesta y que acompañan la promesa de paz y de calma, de paz y de calma.

Y, si yo fueras sus piernas, esas piernas tan delgadas, de curvas tan pronunciadas, que se asemejan a las hojas de un sauce hamacadas por el viento al andar y que van despreocupadas, sin tropezones ni caídas, ni raspones ni heridas. ¡Oh, si yo fuera sus piernas! Dejaría de danzar a solas en el patio, dejaría de trazar figuras astrales sobre las baldosas y empezaría a correr, me alejaría rápido y sin dirección. Me alejaría de todas las manos y las miradas que se posan sobre mi y que han confundido ternura con deseo, como si fueran las dos caras de una misma moneda, dos facetas inseparables del amor y que, con esa misma moneda, pueden comprar un ramillete de seis rosas rojas o un chocolate o lo que sea que los conduzca hasta ese lugar.

Si yo fuera sus manos, soltaría esas otras manos que me tienen atrapada. Que me quitan lo pálido, lo suave, lo delicado. Que me aprietan y no me sueltan. Que se han puesto como misión acariciarme y hacerme estremecer. Que piensan que las manos son las llaves para abrir una puerta secreta dentro de cada mujer. Que son toscas y violentas. Que no saben, pero creen saber. Si yo fuera sus manos, soltaría esas otras manos.

Pero las probabilidades siempre hacen un esfuerzo increíblemente inhumano para mantenerse bajas todo el tiempo y hoy ya he bajado las persianas, he cerrado todas las puertas y todas las ventanas y he tenido que resignarme a aceptar las cosas tal y como son, tal y como se han dado, tal y como están destinadas a ser.

Si yo fueras sus manos, pienso, pero yo no soy sus manos.

No soy más que mis manos y por ella no he podido hacer otra cosa más que escribir este poema.

domingo, 20 de julio de 2014

mujer que tienes mi corazón.



I

Paso a paso es la manera de andar
si corres podrías tropezar
si tropiezas podrías caer
si caes podrías soltar
aquello que he puesto en tus manos:
el vilo de todas mis noches,
las vueltas que he dado en mi cama,
el sueño que me sostiene,
el más ardiente deseo,
mi última fe en el amor.

II

Trajinada en quehaceres cotidianos
dispersa entre recuerdos
que quisiera hacer volver
y anhelos
que quisiera alcanzar
ensayando nuevos escapismos
es posible no haberse enterado
en todos tus despertares
en todos tus dientes cepillados
en todos tus pelos peinados
en todos tus desayunos tomados
en todos tus caminos a la escuela
en todos tus regresos del trabajo
en todos tus pensamientos a otro dado
en toda tu inmensa monotonía
en todas tus horas sentada frente al monitor
en todas tus golosinas contrabandeadas
en todos tus berrinches de nena
en todos tus cigarros fumados con ira
en todos tus saludos de buenas noches
es muy poco el tiempo que queda
y muy es posible no haberse enterado
de que estaba latiendo en tus manos.

III

Se deshojan los calendarios y
mudan de piel las estatuas,
duerme y despierta un jacarandá
explosión de colores y fragancias
bajo trescientos sesenta y cinco cielos diferentes
y el ciclo vuelve a empezar
y hay un banco en una plaza,
de tantas que hay en esta ciudad,
donde me he sentado a esperarte
confiado de que me andas buscando
resuelto a que un día me encontrarás
y son tantas las plazas
y son tantos los bancos
que puedo entender que aún
no me hayas localizado pero
nada desdibuja mi sonrisa
nada apaga mi alegría
una parte de mí está contigo
una foto de ti está conmigo
la tengo guardada en mis ojos
latiendo llevado en tus manos.

IV

Miles de baldosas,
cientos de adoquines,
docenas de escalones
para abajo y para arriba
han besado tus pies en tu trayecto hacia esta plaza
celo a pleno de ellos, los muy bastardos
te pido: no dejés de buscarme
cuando llegués multiplicaré los suyos en tus labios.

V

En el regazo de esta tarde me duermo
bajo la atenta mirada de los tilos
bajo el ala protectora de los gorriones de esta plaza
mi buena estrella se niega a entregarme
a las sombras
mientras me muero
no ha dejado de latir
pero sé que lo has soltado
¿seguir para qué?
digna tumba este banco de plaza
con las palabras me cubro
ellas son todo para mi:
mi suelo
mis palas
mi llanto y
mi despedida
y ya no hay grilletes en tus manos
ya no hay tiernas miradas
donde mecer a este niño
que dejaste olvidado en la plaza.