martes, 25 de febrero de 2014

dicen que el tiempo lo destruye todo.



que a todos nos llega la hora y que no hay nada que pueda hacerse para remediarlo

se han aferrado a ello como si fuera la única verdad y no se cansan de repetirlo

yo los he estado escuchando a lo largo de todos estos años

y aunque en ciertas ocasiones no me ha quedado otra más que darles la razón

hay algo contra lo que no han podido todavía

ahí está ella

rebosante de belleza y lozanía, tanto o más inmaculada que las hojas de una Biblia, parece mentira que nadie quiera jugar con ella, que esté sola

todavía es una niña que se abraza a ese tronco de palmera como si fuera la vida

y ahí estoy yo

el niño más tímido, torpe y solitario de toda la cuadra

acercándome tímida y torpemente hacia ella, preguntándole cómo se llama y cuántos años tiene, preguntándole qué es lo que hace y por qué

y cada una de las respuestas que me da forman una canción que suena preciosa y que canto a diario dentro de mi cabeza

ahí es donde comienza nuestra historia

en alguna plaza olvidada de aquella infancia dorada

que el tiempo no ha hallado forma de destruir.



vistas a la distancia, las horas de la niñez parecieran durar más tiempo

si aquellas fueron compartidas parecieran durar mucho más

y durante los años que duró nuestra infancia, no hubo nada que no compartiéramos

los juegos, las risas y las meriendas estaban a la orden del día

hasta que llegaron los besos

entonces , no hubo nada mejor y más divertido de hacer que no fuera besarse

no más esperar a que nadie estuviera cerca y besarse, besarse y besarse.



pero la locura nos acechaba

esa locura que no escucha, que se ahoga en su propio veneno y que destruye lo que no comprende

supongo que fue a ella a quien atacó primero

puesto que de un día para otro, decidió que besarnos ya no era una buena idea

ya no le parecía divertido ni dulce ni inocente

simplemente no le parecía

y aún cuando nuestras casas estaban pegadas, un abismo insondable se abrió entre nosotros.



de aquello ha pasado un tiempo

está claro ahora qué fue lo que pasó:

su madre decidió que ya era hora de tener una charla de mujer a mujer

su padre le dijo que no estaba bien

sus hermanos fruncían el ceño y agitaban sus puños al verme pasar

yo fui el último en enterarse que habíamos crecido.

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