martes, 11 de febrero de 2014

sin vida.

vi sus piernas colgando sin vida de entre las ramas y enseguida supe que era cierto
supe que era él
que no podía tratarse de otra persona
que era el final para toda una vida de dolor
y que sería el comienzo de otra.

en ese momento no hubo llantos ni gritos ni desmayos
no hubo sirenas
no hubo preguntas al cielo
tampoco hubo respuestas
tan sólo esas piernas
colgando
allí
hinchadas
combadas
sin vida
quemándome la vista y los recuerdos que intentaba rescatar –en vano y con desesperación– del incendio de una vida que ya se había apagado,
pero ya era tarde, como siempre
ya era tarde.

luego, en el servicio, algunos dijeron que no era el final, que la vida sigue
otros, por suerte, no dijeron nada.

los años han pasado rodando lenta y cansadoramente frente a mi
hay días en los que cierro mis ojos y lo único que veo son esas piernas
[colgando
allí
sin vida]
no he podido hallar la forma de librarme de ellas
aún continúan pisoteando mis sueños
pero
si he aprendido algo de todo esto
y es sobre los fantasmas
nada de lo que había escuchado o leído hasta entonces decía la verdad
los fantasmas no son espectros pálidos que aúllan y arrastran sus cadenas en la noche
para empezar, no son visibles
pero están allí
en nuestras mentes
aullando día y noche
nublando nuestra vista y pensamiento
encadenándonos al peor de los recuerdos:
aquellos días en los que  el fuego de sus almas se apagaba
justo sobre nuestra carne.








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