viernes, 23 de mayo de 2014

dos amantes.



las manos de él avanzan resueltas sobre aquello que saben les pertenece
recorren la espalda de ella, estremeciéndole la piel, rodean su cintura, despacio comienzan a bajar, circulan en torno a las nalgas, tímidamente primero, entregadas al vicio de apretar después,
nada las detiene
al mismo tiempo, la boca comprime sus labios y empuja la lengua hasta el fondo,
se chocan sus narices y las respiraciones se enfurecen la una sobre la otra despidiendo su calor excitado
dentro todo es un revuelo: las lenguas buscan sin encontrar, se enlazan y remueven una y otra vez
una
y otra vez
el corazón irriga con furia
la sangre inunda los vasos capilares
abajo empiezan a sentirse el efecto de todo este accionar
los cuerpos se apegan instintivamente
las manos de ella se liberan de su inhibición
se escabullen bajo la ropa y tantean esa piel que es nueva, desconocida y mucho menos suave que la suya
las manos de él también se ha inquietado, se ciernen en torno al ombligo y sus dedos teclean un código secreto sobre el vientre de ella,
lento empiezan a subir
ella inclina su cabeza hacia atrás y exhala un gemido hasta entonces resistido
la noche, las paredes, la puerta
todo pasa a un segundo plano
apartar todas esas prendas innecesarias es lo que sigue:
ávidas de brindar ayuda, las manos se aprestan a desabotonar todo lo que encuentren a su paso
remueven una remera por encima de la cabeza de ella por acá
aligeran la carga de un cinturón de cuero por allá
se despiden los breteles de su pesada tarea
ahora si
por fin ha llegado
las lenguas iniciarán su búsqueda en otro contexto
las manos exprimirán el fuego en las zonas erógenas
las últimas prendas serán removidas y ambos emprenderán un lento y triunfal descenso
el haberse conocido, el haberse gustado, el haberse insinuado
todo forma parte de un preparativo que se inició mucho tiempo antes de este momento
alistarse para el encuentro no fue más que una etapa,
ropa ceñida, palabras sugerentes y la batería de perfumes, todo fue un escalón más
el estimulo previo de miradas, conversaciones y ensoñaciones por fin rendirá su fruto
que, tal como puede verse,
abunda en cáscaras
que deben ser apartadas
y es tan dulce y
tan jugoso como prohibido.

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