sábado, 30 de agosto de 2014

houdini.



había unas manos que me gustaba agarrar
y había una boca que me gustaba besar

y había unos ojos que miraba y me miraban

y nuestras miradas tendían un puente

y ese puente era un puente firme y estable

y sobre ese puente se paseaba a sus anchas el porvenir

y el porvenir se balanceaba de aquí para allá,

agitaba sus brazos desbordado por un genuino estado de excitación

y el porvenir señalaba un lugar en esos ojos

un lugar donde se hallaba guardado un futuro prometedor,

un futuro agradable de alivios y alegrías,

un futuro de mochilas compartidas y caricias que sanarían toda tristeza



había paseos que me gustaba dar

agarrado de esas manos que tanto me gustaban

que me hablaban en su propio lenguaje de manos

que me guiaban

que me aferraban

que nunca quería soltar

que me hacían sentir protegido

y

eran mágicas las manos,

porque de a poco me iban sacando fuera del pozo en el que estaba metido

y era mágica esa boca,

mágicos sus besos y

mágicas las palabras que caían fuera de ella  y que yo recibía como un bálsamo para mi cárdeno corazón   

eran mágicas las manos

porque me hacían creer que algún día terminaría la sensación de soledad que me embargaba

y,

terminantemente,

no existe nada que pueda compararse a la fe



también eran mágicos los ojos que miraba y me miraban

porque ellos me invitaban a viajar hacia un lugar donde el sol siempre salía

un lugar donde el sol hacia crecer las flores y estallaba sus perfumes

un lugar donde el sol derretía el hielo en los corazones de todas las personas;

un lugar donde la noche tenía las lunas más grandes, brillantes y amarillas de todas,

lunas que alentaban a los jóvenes a dar largos paseos nocturnos bajo su atento mirar amoroso



la dueña de esas manos, de esa boca, de esos ojos

era mágica

todo en ella exudaba magia

y era la número uno para mi



hasta que un día decidió desaparecer de mi vida

desapareció sin decir nada, sin despedidas ni gestos de reverencia

la consumación del acto aquel

fue el pináculo de su carrera en el arte del ilusionismo

tan sólo soltó mis manos,

apartó su boca y

cortó esa línea que nos unía

y me dejo hecho un conejo asustado que nadie va a sacar de su galera

ya nunca más.

jueves, 28 de agosto de 2014

querido padre.



me entristece el abandono que dejaste
el desuso de aquellos que fueron tus objetos más cotidianos
el olvido que amenaza con llevarte lejos de mí
el silencioso permanecer en la penumbra de la sala al que acostumbraste los lúgubres atardeceres de los últimos años de tu vida
echado en el sillón, envuelto en tu bata deshilachada, el rostro contraído en una mueca de amargura
las manos encallecidas, agotadas, vacías
quisiera volver hasta ese momento y sacudirte, decirte que no, que no lo permitiría
vos estabas ahí, sin decir una palabra, sin animarte a dejar entrever aquello que te carcomía por dentro
viejo,
a dónde te fuiste?
decime a dónde y te voy a buscar
el cansancio y el agobio con que salías de la cama y arrastrabas tus pantuflas a través del pasillo hasta llegar a la cocina
la pava llena hasta rebalsar hirviendo durante horas para obtener una taza de té que dejabas enfriar largo rato junto a la bacha de la pileta, de puro mañoso
los anteojos en su estuche aguardan junto al diario
el bolso cargado de tornillos, perros y pastillas esperándote para ir a Siderar
tu lado de la cama intacto junto a Cristina
tu lugar en la mesa
las herramientas en el galpón juntando oxido
la bordeadora tan callada en las tardes de sábado
la radio que ya nadie enciende: ya no hay partidos, ya no hay quinielas, ya no hay cumbias
Beldents negros, pomos de Noc 10, fragancia de Colbert y demás coqueterías en desuso
zapatos que ya no recorren el barrio
un rincón en la barra del Tiburón Azul que perdió su encanto
nietos que ya nadie aprieta en sus brazos
nietos que ya nadie chantajea con monedas para obtener su cariño
hijos que ya no escuchan tu voz inundando la casa de regaños
perros a los que nadie ladra
paredes que ya nadie golpea en largas noches de insomnio
un recorrido de ómnibus que parecía hecho en tu honor
un sueño que te espera para que lo vivas
un hijo que no te olvida
que
no
te olvida
y tiene miedo
de olvidar

te.

miércoles, 27 de agosto de 2014

verano en la ciudad.



Febrero me suelta su tufo caliente sobre la cara
me trae noches de calor y mosquitos zumbando en mi oreja
me trae gotas de sudor cayendo por mi espalda al amanecer
me trae fútiles estadías en piletas de lona
me trae televisación de los mejores cuerpos del verano
me trae aumentos descabellados en el precio del helado
me trae pereza, hartazgo y agobio
pero
también me trae otras cosas
ciertas tardes sentado en la vereda me trae su calma
una fresca y serena brisa que acaricia mis sentidos
y algo más
Febrero se porta generoso conmigo
en el silencio de la siesta de barrio puedo sentir como acerca sus pasos
es la chica del barrio que ha encendido mi ilusión
mis ojos relumbran de pura ansiedad
mis manos sudan y tiemblan, las muy ganosas
mis piernas me exigen que haga algo
todo mi andamiaje se descompagina
el corazón hecha a correr desquiciado
los pulmones reclaman un poco de aire
la boca seca ha enmudecido de pronto
la mera posibilidad causa estragos a mi sistema
y aquí viene ella
acaba de doblar en la esquina de 176
y sube en dirección a la avenida Montevideo
habrá de cruzar frente a mi de manera inminente
frente a mis ojos, mis manos, mis piernas y mi corazón
mi pobre corazón se estremece
despacio se acerca,
la siento llegar
quiero arrojarme a su paso y volverme imprescindible para ella
quiero entrar de improvisto en su historia y tener un rol protagónico
quiero ser el suelo bajo sus pies
quiero ser la lluvia que moja la maceta donde florecen sus gardenias
quiero ser el aire que se desliza gentilmente a los lados de su cadera
quiero ser la mano que enguanta las suyas cuando hace frío
quiero ser el sol que dora su piel deliciosa
quiero ser tantas cosas para ella
y ella
no me mira, no me saluda, no me sonríe
no sabe mi nombre
ignora que existo y suspiro por ella
no detiene su andar para cruzar unas palabras conmigo
y si supiera que muero por ella, haría de este momento algo diferente?
algo inolvidable?
algo más lindo?
algo más?
lo que sea estará bien para mi
ay, morocha de infarto
diosa del barrio bajo
llevas fuego entre las piernas
tan cerca y tan lejos al mismo tiempo
la cara limpia de maquillaje
el pelo recogido sin tanto artificio
no hay adornos
no hay ornamentos
todo es simpleza
todo es belleza
vestís de jogging y zapatillas de lona
y ese despojo para vestirte
permite adivinar la simpleza con que has de amar
caigo rendido a tus pies
sirena del río del Plata
algún día serás mía
algún día dejarás de ser el sueño húmedo en el que me ahogo por las noches
tantas noches
tantas de ellas
sin estrellas
sólo vos
brillando en la penumbra de mi pieza
hasta que un buen día llegue
y te quedes
y enciendas con tus labios esa vela
que aleje la soledad de mis días
de mi vida.

domingo, 17 de agosto de 2014

cumpleaños felices, primaveras y años nuevos.



“veni” le dijo extendiendo su mano hacia él

una mano delgada,

nívea,

de uñas esmaltadas

que suplicaba se acortaran las distancias entre sus cuerpos;

su voz,

de tono áspero y nasal,

atravesó flotando el living cubierto de sombras y de silencio donde dormían los perros

y llegó hasta él



despacio,

titubeante,

como si el pedido hubiera sido para otro y no para él

giró sobre su asiento y se paró

sonrió estúpidamente al ver que la mano lo solicitaba

le acercó su mano, ella la tomó y lo atrajo de un tirón

las bocas quedaron a un palmo de distancia ataviadas en una picara sonrisa

las caderas, los muslos, las rodillas sintieron alivio de tenerse cerca al fin

la timidez, la vergüenza, la incertidumbre fueron cediendo bajo el roce y la fricción de los cuerpos

cumpleaños felices, primaveras y año nuevos, todo junto lo tuvieron en un solo beso

brotaba miel de las paredes

acuartelados en el pecho los corazones pateaban las puertas exigiendo libertad

los palpitos eran tambores de la más perfecta música

se entrecortaban sus respiraciones

la inocencia se marchó temprano esa vez

y

la noche siguió su curso

llegaron más lejos

pero no tanto

ya era tarde

pronto alguien se despertaría y habría que darle los buenos días y dar explicaciones

se despidieron

se marchó

volvió caminando a su casa

muerto de frío, muerto de sueño y muerto de felicidad



se acostó

pero no logró dormirse

afuera ya era de día y había gorriones cantando en el jardín del vecino, autos rodando por la calle y carros tirados por caballos vendiendo huevos



antes de dormirse, experimentó un pánico novedoso,

le llegó tan pronto como supo dos cosas:

que podría acostumbrarse fácilmente a más noches como aquella

y que jamás podría acostumbrarme a perderlo
luego se durmió y se olvidó,
por unas horas,
de la flecha que hospedaba su corazón

viernes, 15 de agosto de 2014

el tamaño de tus dudas.



la vio de lejos y empezó a recordar

se fue acercando despacio, como asustado

la pileta de su infancia yacía delante suyo,

sumida en desolación, el pasto crecido a los lados

timorato, asomó su cara por uno de los bordes



ella le convidó su espejo de agua turbia

su lecho mustio de hojas muertas fondeado por los reptiles

la frondosa copa de los pinos sombreaba el rencuentro

ella

que había sido testigo de toda su historia

de su más remota inocencia,

cómplice de crímenes inconfesables

que había recogido su llanto con gentileza y devoción

hacía tiempo desde que sus profundidades dejaran de ser un misterio para ambos



el reflejo que devolvió la superficie era todo lo que quedaba,

todo lo que había

aquella era la mayor y mejor habilidad de ella: no sabía mentir

y le dijo,

sin pelos en la lengua,

que el tiempo había pasado y que

su huella tirana lo había cambiado

no más un niño

no un hombre todavía

tan sólo un tramo de vida

anhelante del pasado

pugnando por no terminar

abriéndose paso entre mil espectros

cadenas y grilletes roen tus tobillos

sirenas vierten almíbar en tus oídos

pero tu no te detengas

no importa el tiempo perdido

no importa el terreno ganado

no importa el caos y los abismos que se abran a tus pasos

no importa el tamaño de tus dudas

no importa las condenas que escupan sobre tu nombre

no importa que la decepción se trague tu confianza

no importa cuántos pilares se desmoronen envueltos en injurias

no importa cuántas trampas abran su boca y te inviten a caer

no importa esa tormenta sobre tus hombros

importa que no te detengas

importa que vuelvas dentro de un año y me digas:

acá estoy

no me detuve

no me

detuvieron

no han podido

todavía



tal fue su designio.

jueves, 14 de agosto de 2014

tendido en la cama de un amigo marplatense.



la noche sigue su curso

mientras los barcos hundidos fondean el océano
y las olas relamen la escollera desierta
el mar, oscuro y bravío, celebra un encuentro:
dos cuerpos celestes han coincidido en su trayectoria
y por un corto lapso de la noche
han decidido dejar a un lado su errático existir
para hacerse compañía.

no pueden disimular
esa flecha que descansa en su pecho los lástima
y los entusiasma
no pueden repeler
ese magnetismo que los hace andar pegados
y ese breve y eléctrico roce de los cuerpos enfundados en abrigos que estorban

caminan por la orilla
conversan
y comparten historias
comparan sus penas
y, muy secretamente,
evalúan para sus adentros
si la expectativa es la misma
si la fe depositada en el otro
es pareja
o definitiva
de algo.

al cierre
dejaron regada de huellas la playa
y sus labios sellaron un secreto
dejaron más huellas en otros lugares menos visibles
y la anatomía del otro dejo de ser un misterio inalcanzable

por una noche
por un instante
burlaron a sus destinos
y repitieron hasta el cansancio que todo esto es muy loco
luego disolvieron esa magia
y cortaron sus líneas
se despidieron
se alejaron
y volvieron a sus rutinas
a esa odiosa espera de que algo venga y rompa con tanta calma.

él sintió ese extraño alivio interior
que lo ha acometido cada vez que resulta ganador en esta disciplina
de medir y comparar desdichas
le reconfortó saber que aún no aparecíera una persona con una historia más triste que la suya
y tendido en la cama de un amigo marplatense, con su cuerpo reclinado contra la madera fría
pensó en
lo mucho que lo alegraba haberla cruzado
y lo mucho que lo alegraba haberla conocido
y lo mucho que lo alegraba haberla invitado a caminar
y lo mucho que lo alegraba haberle contado todo
y lo mucho que lo alegraba haberla abrazado tímidamente primero, decididamente después
y lo otro
y luego
, tal vez
y sólo tal vez,
volvería a casa y le escribiría un poema
a ella

¿quién sabe?

las probabilidades son infinitas
y el tiempo es tan tirano
y nadie debería sentirse abrumado por ello.

domingo, 10 de agosto de 2014

si yo fuera sus manos.

Si yo fuera su pelo dejaría de bailar contra el viento, con tanto garbo, con tanta libertad y elegancia desmesurada que tiemblo de sólo pensarlo. Dejaría de brillar -rojo como el fuego- a la luz de las farolas de la Avenida Montevideo, mientras el crepúsculo lanza sus encantadores rayos de frío y de sombras sobre nosotros y el ómnibus que esperamos pareciera nunca llegar. No volvería a despedir -en los momentos menos oportunos- mil fragancias provenientes de los jardines del Edén. Fragancias que evocan los días más dulces y felices de la niñez, perfumes que invitan a dormir la siesta y que acompañan la promesa de paz y de calma, de paz y de calma.

Y, si yo fueras sus piernas, esas piernas tan delgadas, de curvas tan pronunciadas, que se asemejan a las hojas de un sauce hamacadas por el viento al andar y que van despreocupadas, sin tropezones ni caídas, ni raspones ni heridas. ¡Oh, si yo fuera sus piernas! Dejaría de danzar a solas en el patio, dejaría de trazar figuras astrales sobre las baldosas y empezaría a correr, me alejaría rápido y sin dirección. Me alejaría de todas las manos y las miradas que se posan sobre mi y que han confundido ternura con deseo, como si fueran las dos caras de una misma moneda, dos facetas inseparables del amor y que, con esa misma moneda, pueden comprar un ramillete de seis rosas rojas o un chocolate o lo que sea que los conduzca hasta ese lugar.

Si yo fuera sus manos, soltaría esas otras manos que me tienen atrapada. Que me quitan lo pálido, lo suave, lo delicado. Que me aprietan y no me sueltan. Que se han puesto como misión acariciarme y hacerme estremecer. Que piensan que las manos son las llaves para abrir una puerta secreta dentro de cada mujer. Que son toscas y violentas. Que no saben, pero creen saber. Si yo fuera sus manos, soltaría esas otras manos.

Pero las probabilidades siempre hacen un esfuerzo increíblemente inhumano para mantenerse bajas todo el tiempo y hoy ya he bajado las persianas, he cerrado todas las puertas y todas las ventanas y he tenido que resignarme a aceptar las cosas tal y como son, tal y como se han dado, tal y como están destinadas a ser.

Si yo fueras sus manos, pienso, pero yo no soy sus manos.

No soy más que mis manos y por ella no he podido hacer otra cosa más que escribir este poema.