domingo, 17 de agosto de 2014

cumpleaños felices, primaveras y años nuevos.



“veni” le dijo extendiendo su mano hacia él

una mano delgada,

nívea,

de uñas esmaltadas

que suplicaba se acortaran las distancias entre sus cuerpos;

su voz,

de tono áspero y nasal,

atravesó flotando el living cubierto de sombras y de silencio donde dormían los perros

y llegó hasta él



despacio,

titubeante,

como si el pedido hubiera sido para otro y no para él

giró sobre su asiento y se paró

sonrió estúpidamente al ver que la mano lo solicitaba

le acercó su mano, ella la tomó y lo atrajo de un tirón

las bocas quedaron a un palmo de distancia ataviadas en una picara sonrisa

las caderas, los muslos, las rodillas sintieron alivio de tenerse cerca al fin

la timidez, la vergüenza, la incertidumbre fueron cediendo bajo el roce y la fricción de los cuerpos

cumpleaños felices, primaveras y año nuevos, todo junto lo tuvieron en un solo beso

brotaba miel de las paredes

acuartelados en el pecho los corazones pateaban las puertas exigiendo libertad

los palpitos eran tambores de la más perfecta música

se entrecortaban sus respiraciones

la inocencia se marchó temprano esa vez

y

la noche siguió su curso

llegaron más lejos

pero no tanto

ya era tarde

pronto alguien se despertaría y habría que darle los buenos días y dar explicaciones

se despidieron

se marchó

volvió caminando a su casa

muerto de frío, muerto de sueño y muerto de felicidad



se acostó

pero no logró dormirse

afuera ya era de día y había gorriones cantando en el jardín del vecino, autos rodando por la calle y carros tirados por caballos vendiendo huevos



antes de dormirse, experimentó un pánico novedoso,

le llegó tan pronto como supo dos cosas:

que podría acostumbrarse fácilmente a más noches como aquella

y que jamás podría acostumbrarme a perderlo
luego se durmió y se olvidó,
por unas horas,
de la flecha que hospedaba su corazón

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