jueves, 28 de agosto de 2014

querido padre.



me entristece el abandono que dejaste
el desuso de aquellos que fueron tus objetos más cotidianos
el olvido que amenaza con llevarte lejos de mí
el silencioso permanecer en la penumbra de la sala al que acostumbraste los lúgubres atardeceres de los últimos años de tu vida
echado en el sillón, envuelto en tu bata deshilachada, el rostro contraído en una mueca de amargura
las manos encallecidas, agotadas, vacías
quisiera volver hasta ese momento y sacudirte, decirte que no, que no lo permitiría
vos estabas ahí, sin decir una palabra, sin animarte a dejar entrever aquello que te carcomía por dentro
viejo,
a dónde te fuiste?
decime a dónde y te voy a buscar
el cansancio y el agobio con que salías de la cama y arrastrabas tus pantuflas a través del pasillo hasta llegar a la cocina
la pava llena hasta rebalsar hirviendo durante horas para obtener una taza de té que dejabas enfriar largo rato junto a la bacha de la pileta, de puro mañoso
los anteojos en su estuche aguardan junto al diario
el bolso cargado de tornillos, perros y pastillas esperándote para ir a Siderar
tu lado de la cama intacto junto a Cristina
tu lugar en la mesa
las herramientas en el galpón juntando oxido
la bordeadora tan callada en las tardes de sábado
la radio que ya nadie enciende: ya no hay partidos, ya no hay quinielas, ya no hay cumbias
Beldents negros, pomos de Noc 10, fragancia de Colbert y demás coqueterías en desuso
zapatos que ya no recorren el barrio
un rincón en la barra del Tiburón Azul que perdió su encanto
nietos que ya nadie aprieta en sus brazos
nietos que ya nadie chantajea con monedas para obtener su cariño
hijos que ya no escuchan tu voz inundando la casa de regaños
perros a los que nadie ladra
paredes que ya nadie golpea en largas noches de insomnio
un recorrido de ómnibus que parecía hecho en tu honor
un sueño que te espera para que lo vivas
un hijo que no te olvida
que
no
te olvida
y tiene miedo
de olvidar

te.

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