martes, 25 de noviembre de 2014

bajo la alegre luz de los faroles villazulenses.



el viejo todavía fumaba ese verano
lo hacía por una cuestión de habito más que de necesidad
aquello fue mucho antes de que cayera enfermo

lo recordaba parado en el umbral de la cocina
deteniendo con su cuerpo la puerta fiambrera
con un L & M encendido en la boca
pidiéndole que lo acompañara a comprar helado

y él lo seguía
siempre lo había hecho
desde el principio sentía que debía seguirlo
acompañarlo, obedecerlo
compensar al ejemplo aquel que nadie más seguía
ni acompañaba, ni obedecía

atravesaban juntos la reja, el jardín
y dirigían sus pasos calle arriba
rumbo a la avenida
que, con cada nuevo verano,
se engalanaba de coloridas heladerías de fugaz existencia

caminaban tomados de la mano
bajo la alegre luz de los faroles villazulenses
que proyectaba fantásticas sombras en el pavimento
que desdoblaba su cuerpo en siluetas grises
que transfiguraba la cruel percepción que tenía de sí mismo
que lo presentaba encumbrado, soberano y decidido
amaba ese mágico has de luz que lo adelgazaba

amaba ese momento de padre e hijo
amaba su pequeña mano sostenida en la del viejo:
nudosa
encallecida
proveedora
laboriosa
incansable
amaba esa caminata que los unía,
ese aventurarse a la noche en procura de un deleite para los demás
los hijos del viejo, sus hermanos

aquellos eran días felices y despreocupados para una familia feliz y despreocupada
día en los que todavía nadie era capaz de imaginar lo que vendría:
el pastor abatido y las ovejas descarriadas
la pesadilla del Roche
las camas del sanatorio
la redención demorada
las manos contra el paredón
una y otra vez, las manos contra el paredón
las piernas separadas
la voz oficial
el móvil
la primera
la segunda
la novena
todas
o
casi todas
la costumbre de pasar la noche en la comisaría
la desazón y la amargura de las noches que se hacían de día
y  los días que se hacían de noche
días sin novedad
la tortuosa pregunta sin respuesta:
¿en qué fallé?
disparar veneno, echar culpas
terminar con la paz
el final de los días felices y despreocupados


todo aquello que nadie quisiera tener en su vida
todo aquello que formaba parte de un caprichoso y empecinado designio,
ya desde el primer día,
todo aquello los retemplaría y los revestiría de valor
aquello no lograría doblegar al viejo
y a él lo precipitaría lejos, fuera de la niñez
dejaría huellas
llevaría tiempo
sembraría dudas
y los haría olvidar también, un malhadado día,
de aquel mágico momento de padre e hijo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario