sábado, 13 de diciembre de 2014

sólo el comienzo.



agazapado en un punto lejano del horizonte
el niño espiaba su propia soledad
sondeaba el cauto silencio que lo abrigaba
la frágil calma que amenazaba con eternizarse

sobre una loma desierta, tumbado de cara al sol
las manos enlazadas bajo su cabeza
el pasto amarillo crecido a los lados
el arroyo seco, los peces muertos, el calor húmedo
de una tarde que jamás volvería
que jamás podría recuperar.

nubes blancas navegaban un cielo celeste
y un tren de pensamientos descarriló hacia el abismo
llevándose consigo la ingenuidad
la inocencia primigenia del momento aquél

los hombres lo arruinarían todo
el tiempo lo destruiría todo
tal era la naturaleza de las cosas

el niño aquél
la soledad perteneciente
la loma raleada de pastos
el sol calentando su cara
el arroyo de lecho seco y cauce irreductible
el cielo y sus colores
todo
destruido
por el hombre

él mismo contribuiría a ése fin

horrorizado, guardó el secreto bajo tierra,
regando de lágrimas el suelo,
y se marchó
conciente de que ya nada volvería ser lo mismo

el niño no volvería a ser el mismo
la soledad no volvería a ser la misma
el lugar aquél, con su sol, su cielo y su arroyo
tampoco volverían a ser los mismos

un abejorro pasó zumbando a su lado
era negro como el carbón y poseía una picadura letal
el niño se destuvo y esperó a que el insecto se alejara

los peligros están por todas partes, pensó,
y aquél fue sólo el comienzo.

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