sábado, 5 de diciembre de 2015

el interprete cabal.






La fuerza del hábito permitía a Camilo bajar por las escaleras mucho tiempo antes de estar despierto,
en realidad,
la fuerza del hábito era tan fuerte en él que le permitía:
salir de la pensión,
pedalear hasta el trabajo,
trabajar,
odiar a
(la falta de entusiasmo por los libros en el escaparate de)
sus empleadores,
pedalear de vuelta a la pensión,
comprar facturas en la panadería frente al hospital,
tomar un café
y realizar tantísimas otras actividades mucho tiempo antes de estar despierto
pero la mañana del duelo,
los acontecimientos lo precipitaron inmediatamente hacia la lucidez de todas sus facultades,
una tensión dramática flotaba en el comedor
anunciando la ebullición próxima de un desenlace.

Apenas ayer adoptado de las calles,
el gatito de Camilo miraba a través de la ventana como quien se descubre a sí mismo en la mira del cazador.

Al otro lado del vidrio,
un par de gatos veteranos deambulaban maliciosamente sobre la medianera,
se comportaban como partes de un todo
y no parecían dados a sociabilizar con desconocidos,
el más grande y mugriento de todos no apartaba la vista del visitante.

Camilo miró a su huésped,
percibió qué tan profunda era su incomodidad,
distinguió con claridad la amenaza pendiente sobre su pellejo,
fue partícipe de sus miedos,
acolito de las inquietudes que lo carcomían
y así fue como comprendió
los irrevocables mandatos que determinan  
cuántos son multitud en el reino de los gatos

Dejó una ventana abierta y se fue a trabajar
ya extrañando para siempre al recién llegado.

domingo, 8 de noviembre de 2015

refugio, bálsamo y condena.




Tiranía, tragedia y travesura,
las tres en una,
conocerla fue la macana más linda de todas,
hoy me arrepiento con una sonrisa:
gran comerciante de humo, mejor actriz,
la emperatriz me tuvo rendido a sus pies,
entregando en modesta ofrenda aquello tan necesario para la vida.

No olvido los días que me regalo a su lado,
el privilegio de su compañía,
la ferocidad intrépida de sus colmillos,
las invitaciones, la apertura, la excitación,
campanadas en el pecho con tan sólo una mirada
y el tintineo de sus alhajas acercándose en la oscuridad:
brazos constrictores, piernas de fuego,
refugio, bálsamo y condena,
inoculándome placeres que después me negaría.

Trueno sin relámpago, desestabilidad,
el interés de la emperatriz muda inmediatamente hacia otro títere
y la vida sigue aunque otro se adueñe de nuestra voluntad.

Insatisfecha en su apetencia,
ella gime, se agita, se lamenta,
la guillotina trabaja sin descansar,
la primavera que no quiere terminarse
empujando la cima cada vez más alto, golpe tras golpe de suerte,
sucediéndose a sí misma donde sólo campeonan las veteranas,
caprichosamente determinada a vivir el momento.

El descenso fue tan vulgar como sorpresivo,
insistió en esclavizarse a los antojos de un susodicho,
venerando su existencia hasta consagrarlo en una deidad,
imitando el ejemplo de aquellos que despreciaba,
experimentando abandono sin aprender lección alguna,
caballo desensillado, galope trunco,
¿Dónde quedó tu sequito, emperatriz?
Seguramente ellos sepan dónde escondieron tu sonrisa.

Destronada, ríe como preámbulo a un llanto ahogado,
las lagrimas se llevan el rímel hasta la pera,
caen sobre las baldosas juntos a pies desnudos de uñas esmaltadas que ya no componen más fantasías.

Corre la voz más rápido que la luz:
¡La emperatriz ha caído en desgracia, regocíjense los verdugos,
le han rebajado el precio y hoy camina entre los mortales!

Aunque el suelo esté cerca hoy
no es el final para nuestra consentida,
ella nació para gobernar,
sus rodillas pronto se aburrirán de la suplica
y buscará palaciegos que le auxilien su patrocinio,
tanteará picaportes hasta que uno ceda,
permanecerá exultante a pesar de todo
(a pesar de las derrotas, de las humillaciones, de las repatriaciones),
la derrota sólo parece destacar su belleza.

¡Aléjense de las ventanas, cúbranse las orejas,
ella golpeará sus puertas, ella pedirá sus nombres!

El canto de sirena sólo tiende a mejorar.

jueves, 5 de noviembre de 2015

la distancia valiente.


Es de suma importancia cruzar puentes de incomodidad,


para dar el primer paso hacia el primer beso
–para desinhibir ese vínculo ficticio,
para finalmente pegar el salto,
para tomar impulso y lanzarse
por el todo o la nada
exponiéndose al rechazo, al drama histérico o a que lo señalen equivocado
para animarse
a cubrir
la distancia
valiente
que separa
el ferviente anhelo de un pulmón flechado por el amor
del momento en que todas sus ensoñaciones cristalizan en vigilia,
que desprende los últimos recortes de vergüenza que aún puedan estorbar–
un lugar es tan buen como cualquier otro,  
el marco ideal se distingue tanto más por la intimidad
que por la comodidad que pueda ofrecer
pero, cuando los dos salieron al patio
y ella dijo "vení, es por acá"
y lo agarró de la mano
y lo arrastró tras sus pasos,
él pudo no darse cuenta que, por un instante,
se habían alejado de la vista de todos
y atravesaban juntos la frescura del jardín
recién bañado de lluvia y de noche
sostenido en las manos de la mujer que amaba.