martes, 20 de enero de 2015

diez reinas.



conocerla, y enamorarme, no figura entre los planes;
tomar el dos catorce hasta Los Hornos,
bajarme en sesenta y ciento treinta y uno
caminar hasta lo de Ezequiel,
pedir empanadas de carne picante cortada a cuchillo
y mirar
la cinta de “nueve reinas”, que acaba de llegar al video de la otra cuadra,
esto sí forma parte de un plan
pero aquello otro, ella, no
y, sin embargo, sucede
acá está ella:
enseñando una gran sonrisa cuando entra en el comedor,
plantando un beso en la mejilla de cada uno de los presentes,
cambiando el rumbo que tomarían los días por delante,
pisoteando los escasos remanentes de mujeres anteriores,
allanando el terreno para lo que vendría después:
los muchos años de largas noches pensándola,
adoptar la figura del amigo que la escucha y la contiene
sostener ese papel lo suficiente
aunque cueste
cada vez más
y hacia el final del día
caer de rodillas, derrotado por mi propio personaje
y lanzarme, luego,
al repaso minucioso de cada palabra dicha
a la búsqueda infructuosa de un indicio,
de un guiño,
de una señal
finalmente, empobrecido y derrengado
rendirme a la tonta idea de creer
que confesar mis sentimientos me haría corresponderle
juntar fuerzas, vencer los miedos y ser despreciado
y nada de lo que sigue es más bonito…

¿por qué arruinar el ahora pensando en lo que vendrá después?
¿por qué no mejor disfrutamos del momento?

acá está ella:
enseñando una gran sonrisa cuando entra en el comedor,
plantando un beso en la mejilla de cada uno de los presentes,
preguntándome cómo me llamo
diciendo “soy Brenda, amiga de Ana, el gusto es mío”
arrebatando y arrebatando
aire, palabras y una parte de mi corazón.

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