jueves, 8 de enero de 2015

malgastados proyectiles de pasión adolescente.



Cientos de flechas disparé cuando era joven

cientos de flechas que deseaban encontrar

y hacer blanco en ella,

en la suave pendiente de su pecho.



Llené los cielos de flechas

tensando el arco de mis posibilidades a cada pulsación

malgastando el tiempo de días valiosos

todas las noches el mismo sueño pueril.



Perforé nubes, aviones y estrellas

le dediqué años enteros a la inverosímil tarea de agradar

de ascender y conquistar

de saberme aquél que ella quería

el único habitante de su planeta

el invitado de honor a su fiesta de cumpleaños

el feliz propietario de la mano que ella buscaría en momentos difíciles

en momentos felices o

bajo un cielo de fuegos artificiales en cada año nuevo compartido.



Cientos de flechas disparé en su dirección

disparé, disparé y disparé

disparé hasta dejar vacío mi carcaj

disparé hasta quedar derrotado

luego abandoné aquella tarea

lamentando la suerte de cada una de mis flechas

valerosas, bienintencionadas y fútiles.



Tiempo ha pasado y tiempo he perdido

y aún sigo pendiente de aquellas flechas,

guardo los dedos cruzados bajo mi espalda

porque

tal vez

algún día

entrarán silbando por su ventana

y una de ellas aterrizará de lleno sobre su pecho

y a través del dolor,

ella conocerá la verdad:

que todo este tiempo sentimos lo mismo

que no hay destino que no podamos torcer



que la distancia se extingue cuando estiramos nuestras manos



así.

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