viernes, 23 de enero de 2015

no es una pelota cordiforme.



el tiempo que pasamos mirando por la ventana
no volverá hacia nosotros de ninguna manera
las horas de la tarde
que dedicamos:
a escudriñar la calle a través del mosquitero
a horadar el vidrio con nuestra miradas inquietas
sosteniendo en alto la expectativa, hasta la caída del sol
fueron un mal negocio, un gasto innecesario,
dilapidamos juventudes a la espera de la persona indicada.

y el teléfono
 ¡ay, el teléfono!
los mensajes, las llamadas
que no vienen
que no llegan
que nunca encuentran
siendo el teléfono una posibilidad concreta de acercamiento,
una herramienta para mascarar la timidez, el mutismo,
la falta de coherencia emergente en estos casos
lo que sea, que fuera una impedimento…

un silencio displicente envuelve a mi teléfono
lo convierte, en cierto sentido, en cómplice de esta tragedia

son extenuantes las horas de vana expectación
y es tan roñoso el desdén que recibimos
a cambio de las horas más devotas, aguardando la llegada
qué retorcido pasatiempo tienen algunos:
distraer la trayectoria de los proyectiles que lanza Cupido
ni siquiera una excusa, mediocre, poco creíble, para tal delación

tan sólo una espera que no trae nada.

hay chocolates derritiéndose en una caja brillante
hay un jazmín,
arrancado del jardín vecino,
perfumada ofrenda del encuentro soñado,
que se rinde
triste, cabizbajo y descolorido
desfallece oxidado en un vaso de agua en la mesa del comedor.

la vendimia de este amor se ha demorado más de la cuenta
los frutos se descomponen,  se desprenden del tallo y ruedan al piso
donde pronto se volverán hospedaje de gusanos y podredumbre.

encender la ilusión, fomentar el apego, insinuar un futuro compartido
para concluir yéndose al mazo de un modo tan brutal

¿con qué objeto?

todos los cobardes son mis destinatarios
todas las perezosas que aún no se han decidido
para ustedes va mi mensaje:

si no van a amarnos, si no hay interés, ¡carajo!
mejor decirlo desde un comienzo
no es el romance materia para tibios indecisos.

así evitamos este ayuno de placeres, posibilidades y desenlaces
así evitamos cifrar nuestras esperanzas en amantes incapaces,
que no están a la altura
siquiera de sus propias dudas.

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