jueves, 22 de enero de 2015

pesadilla 1976.



inclinados sobre la cuna del bebé recién nacido

ríen, juguetones, los tres hombres de armas de la Junta Militar

le regalan morisquetas, lo ajonjean con cariño

y deslizan

sus dedos de manos enguantadas

sobre los labios rosados de la criaturita.

le arrancan

sus buenas risas

toda la risa que sus diminutos pulmones le permiten

y así pasan el rato.



la madre no está ahí,

está muy ocupada

hamacando en sus brazos a los hambrientos de todo un país

procurando brindar calma para engañar sus estómagos mancillados.



el padre no está ahí,

está muy ocupado

buscando la tumba inexistente donde llorar los caídos

hijos, hermanos y compañeros; hijas, hermanas y compañeras.



los hermanos, las hermanas no están ahí,

están muy ocupados

engrosando la lista de detenidos desaparecidos

contándole, entre llantos,

la desdichada historia de su generación a las paredes de un calabozo.



los vecinos, las vecinas no están ahí

están muy ocupados

desayunando mentiras, desayunando terror

los gritos de los torturados no entran por las ventanas

que dejan abiertas a la hora de dormir.



no son pocos los que,

deseosos de revancha, con los ojos inyectados en sangre,

se arrancan los pelos de la cabeza, incapaces de soportar el orgasmo

victimas y cómplices del duro golpe asestado a la vida,

al amor.

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