martes, 17 de febrero de 2015

mis amigas peruanas.



mis amigas peruanas se alegran de verme,
me abren la puerta, me obsequian sonrisas, me invitan a pasar;
me convidan de sus  tres metros cuadrados de tregua y sosiego
(lo cual no es poco en este mundo nuestro,
siempre tan beligerante y conflictivo).

el incógnito despacho de pan que regentean,
apostado en el corazón de El Mondongo,
se ha vuelto el punto de partida obligatorio de mis mejores mañanas;
ellas son, sin dudas: el secreto mejor guardado de este barrio.

dentro los estímulos desbordan mis sentidos:
se respira el aroma de la masa, del hojaldre, del membrillo;
los colores se multiplican en cien promesas para el paladar, mientras
Nuestra Señora del Carmen vela por nosotros desde los anaqueles
y el pabellón rojo y blanco cuelga orgulloso de la pared.

ellas se plantan al otro lado del mostrador, me miran y aguardan en silencio.
en sus ojos no se revela aprensión alguna,
no hay recelo, no hay prejuicio, no hay desprecio;
no devuelven nada de la estupidez argentina que reciben a diario.

yo me debato entre las delicias, haciendo gala de gran torpeza e indecisión
recreo la vista sobre la variedad y la turgencia de sus creaciones,
las formas doradas y crujientes de las facturas,
el distintivo colorido del membrillo y la pastelera,
la cremona que brilla ante mis ojos como un nuevo sol,
los canastos de mimbre rebosantes de panificados,
una soberbia muestra de arquitectura gastronomica en su máxima ponencia
y ese toque mágico, la corona del sabor, que solamente puede aportar el azúcar impalpable.

selecciono con maestría y aguardo el empaquetado,
abono el importe y me despido, les dejo muy buenos días y me voy.

fuera, una pandilla de felinos remolonea placenteramente bajo el sol,
en el jardín enrejado, al otro lado de la calle.

cruzo la vereda y vuelvo a casa bajo los tilos.
me aferro a los paquetes como si la vida me fuera en ello
no los descuido, no los sofoco, no soy capaz de darlos por sentado

le digo a mi novia que mis amigas peruanas son las mejores, luego
desato el paquete sobre la mesa, destapo el tesoro, desnudo:
media docena de alegrías que ellas nos han compartido esta mañana.

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