viernes, 6 de febrero de 2015

precipitando el desenlace, bocado tras bocado.



¿cómo le hago entender al espejo que hace falta tiempo,
que ese vientre abultado, que cae hacia delante, pesado y sin gracia,
no va a desaparecer de la noche a la mañana?


 
¿cómo le hago entender a la ropa que lo estoy intentando,
que cada día, cada hora, cada minuto es una prueba difícil de superar,
que yo también quiero salir a lucirme por las calles y las plazas,
que yo también quiero gustar y ser gustado?

¿cómo le hago entender a esas manos tramposas que nos conspiren,
que cada bocado me aleja un poco más de lo que quiero ser
que reducen la brecha entre mi heladera y el hospital?

¿cómo le hago entender a esa boca y a su mandíbula incansable,
siempre tan complacientes con la demanda estomacal, siempre unas traidoras,
que no necesitamos nada de lo que estamos deseando meternos?

¿cómo le hago entender a mi ansiedad que me está matando?
¿cómo?

pido perdón a la balanza de la farmacia,
la beso, la abrazo, la cubro de lágrimas; le pido un poco de entendimiento
y  pido perdón a los doctores que me dieron su consejo, que me alertaron,
que no dudaron en mostrarme su preocupación luego de calcular el IMC,
y  pido perdón a la secretaria del consultorio, que me alienta con su mirada,
que abriga un mínimo de expectativa cada vez que la llamo
a todos ellos les pido perdón:
depositan su esperanza en los sitios equivocados.

le pido perdón a ese tipo atrapado en mis huesos, pobre diablo,
me mira en el espejo presa del miedo, suplica, me pide auxilio,
sabe muy bien el futuro que le espera.

si el peso de este cuerpo me retiene acá en la tierra,
¿cómo hacer para soñar que un cambio es posible?

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