miércoles, 4 de marzo de 2015

equilibrio perdido sobre el hilo entre nosotros.



Es un hilo muy delgado que sostiene al corazón
balanceándose en las alturas del ensueño, de la ilusión,
de toda esperanza depositada en:
la conexión platónica de dos cuerpos celestes.

Es un hilo muy delgado que se tensa
desde mi pieza hasta otra pieza, desde
mi casa hasta otra
casa, desde
mi barrio hasta otro barrio.

Periferias emocionales que no se tocan,
que nos separan y
en el centro: todo es probabilidad
de fusionarnos, de no entendernos,
de perdernos para siempre,
la eternidad.

Los ojos se apresuran
quieren llegar a ver el alma, desconfían
de todo aquello que no pueden tocar
y permanezco: pendiente de las señales,
de líneas telefónicas, antenas y cables coaxiales.

Sintiendo ya tonto al deseo
de tumbarme sobre su pelo y envolver
toda esta alegría
y obsequiársela, a ella
su progenitora.

A través de la noche viaja nuestro emisario,
en sus manos lleva un sobre irremisible,
un deseo manifiesto de llegar,
de vencer distancias y razones,
de encontrar un lugar
que le corresponda y al cual
corresponder.

Y es el silencio que me corta como un cuchillo,
es el silencio que desestabiliza la conexión;
equilibrio perdido sobre el hilo entre nosotros
prepárate, suelo, que ahí voy de nuevo.

Mientras tanto, allá, lejos, en otro barrio
ella emite un pequeño bostezo y apaga el monitor,
se acuesta y cierra los ojos,
la gata salta sobre la cama y se acurruca en su regazo.  

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