jueves, 12 de marzo de 2015

la felicidad de Juana.



La felicidad de Juana es un globo que flota sin rumbo a través de un bosque encantado,
ella corre tras él y estira sus brazos ­­–delgados como ramas– sin poder alcanzarlo jamás.

Azarosos cambios en la dirección del viento la alejan de su objetivo,
caprichosos vuelcos del destino la conducen a extraviarse,
justo allí,
donde todo constituye una amenaza para ambos:
al mínimo roce, una explosión fatal.

Si yo pudiera atrapar ese globo y lo pusiera en sus manos,
ella lo dejaría escapar,
nada podría hacerse para evitarlo,
es parte de su naturaleza, lo sé; repetiría la historia,
cada detalle en ella,
cada paso tomado en la dirección errada,
cada tropiezo, cada caída, cada llanto de dolor que no podré apaciguar.  

Si pudiera protegerla de algún modo,
evitar que corra tras de ilusiones, evitar que le rompan el corazón,
anular ése bosque, su encanto, sus peligros.

Si pudiera proteger a mi pequeña,
salvarla de esta absurda representación de la humanidad,
sacarla antes de que repartan los papeles.

Si pudiera ser yo quien escriba su historia:
hacer todo agradable, suprimir capítulos trágicos,
desaparecer villanos de un plumazo justiciero.

Si tan sólo dejara de girar esta tierra
y ella su globo pudiera alcanzar
y aquel instante se prolongara por siempre.

¿Cómo aceptar con decoro lo irremediable:
que irá dejando trazos de inocencia en el camino,
que la bravura revestirá su piel,
que está creciendo
y plantándole cara a los desafíos que ello supone,
haciendo siempre lo mejor que puede.

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