miércoles, 15 de abril de 2015

pinchando y cortando.


¿qué hago yo metido en esta guerra?
¿a qué viene mi nombre,
 traído de tan lejos,  del olvido,
crispado en labios del que me desplazó,
haciendo estallar las paredes de la casa, alarmando a los vecinos,
introduciéndome en el centro de esta disputa doméstica?

es un halago y es un incordio
que me tengan presente cuando discuten,
que me hagan participe de su tragedia
que me dejen a mi a cargo del nudo y su desenlace.
claro,
ahora aluden al innombrable,
si hasta ayer lo embarraban en su ausencia,
pero qué descarados resultaron ser
-además de tantas otras cosas- por favor
no me llamen más;
yo no tengo nada que ver con todo esto,
ya me fui, ya me fueron, ya pasó
o al menos eso me dijeron

y aunque
no todo ha marchado a las mil maravillas por acá,
no veo una buena razón para volver
a tirarme de cabeza en esas aguas
donde ayer fondeaba a gusto en brazos de la sirena,
junto a otros cien barcos hundidos
y ningún tesoro encontrado.

que me vuelvan recurrente tras haberme desechado
¿quién lo entiende?
él maldice mi nombre, jura vengarse, y vos
acaso vos, ¿seguís pensando en mi?
siento desmoronarse el acuerdo que sostuvimos un día,
cuando dijimos que lo nuestro fue un error.

él te grita, vos llorás,
los dos disparan reproches a mansalva
mi recuerdo sonríe y pasa al frente,
saca un peine del bolsillo y se acomoda,
al parecer,
tengo vela en este entierro.

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