jueves, 30 de abril de 2015

trunco.



a las últimas flores de mi vida
las riega el llanto de familiares y amigos
que, anulados, empobrecidos, enroscados,
vienen a despedirse.

viudas, prestamistas y extorsionadores
llegan para corroborar la firmeza de la sentencia.

nadie queda satisfecho
con este misero desenlace, con esta
victoria pírrica de la mente sobre la materia, con esta
clausura definitiva de las posibilidades, de la oferta
que yo tenía para este mundo.

fui arrancado de la oscuridad un seis de mayo,
veintitantos años atrás, y ahora 
vuelvo hacia ella sabiendo

que no fue tan profundo el surco
que dejé en la memoria
de aquellos y aquellas que me dieron
la oportunidad de ingresar en sus vidas,
colándome en su historia como un polizonte en el furgón,
que le abrieron la puerta a mis conflictos, a mis
temores, a mis inquietudes, a mis teorías conspirativas, a mi estupidez,
a mi lobreguez y a mi todo lo otro,
que los hacía reír o los intrigaba o les daba lo mismo;

que no fue tan densa la trama
que logré tejer
con sus caminos y el mío, lo hice,
como todo,
a las apuradas, de casualidad,
sin artesanía sin compostura sin precisión
pero agradecido
por cada hueco de sus almas donde pude filtrar
las sombras y mi, débil
y poco frecuente, luz;

que no fue tan intenso el transe
que nos mantuvo en vilo
como dos sobrevivientes al naufragio,
abrazados bajo la tormenta, como acróbatas
sin ensayo sin practica sin red
carentes incluso hasta de la fe
pero llenos de buenas intenciones, de ese genuino,
y nada fácil de encontrar,
amor.

la forma, el sitio, el cuando no importan,
lo que dejo atrás
no importa,
lo que tienen delante
no importa,
es otro el quid de la cuestión

en algún rincón olvidado
quedaron los deseos, las ganas
de transformar, de cambiar, de ayudar,
de empujar fuera de esta existencia
la mueca burlona de tantos villanos
que se salen con la suya y viven
a sus anchas, pisoteando el sueño de los débiles y confundidos,
entre los cuales,
felizmente,
siempre me conté.

yo quise borrar esa mueca,
ese objetivo me desvelaba, me abatía, me entusiasmaba pero ahora
le cierran la tapa al cajón, lo empujan bóveda adentro,
ahora todo queda inconcluso;
el viento se lleva mi granito de arena.

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