lunes, 6 de julio de 2015

llorando sobre leche derramada.



llorando sobre leche derramada,
arañando el equilibrio justo antes de caer,
negociando los términos de la derrota, excusándose
mientras suelta de sus manos otra oportunidad.

hablando con las paredes, besándolas,
exigiéndoles cariño, entendimiento, comprensión;
tentado por la locura: pasando de la risa al llanto y del llanto a la risa,
subiendo y bajando escalones, trampolines de pánico y carcajada,
empujando cada vez más lejos lo poco que  queda de calma, de quietud.

ensayando disculpas en el espejo del baño,
de rodillas ante un Dios que siempre escucha
con atención, con detenimiento, con profundo y genuino respeto,
que sonríe con ternura frente a las pequeñas crisis que atribulan a su creación,
que se muestra reservado a la hora de dar respuestas, de señalar
un camino.

acostumbrándose a la búsqueda infructuosa de una cura; tropezando
con placebos que no engañan al destino, saboteándose,
repitiendo el crimen, habituado a la condena.

las manos presionando sobre el pecho del difunto,
insuflándole vida a través de los labios,
cubriendo de lágrimas el socorro tardío.

dicen que el tiempo lo destruye todo, se equivocan:
el tiempo no lo destruye todo,
no si podemos llegar primero.

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