domingo, 8 de noviembre de 2015

refugio, bálsamo y condena.




Tiranía, tragedia y travesura,
las tres en una,
conocerla fue la macana más linda de todas,
hoy me arrepiento con una sonrisa:
gran comerciante de humo, mejor actriz,
la emperatriz me tuvo rendido a sus pies,
entregando en modesta ofrenda aquello tan necesario para la vida.

No olvido los días que me regalo a su lado,
el privilegio de su compañía,
la ferocidad intrépida de sus colmillos,
las invitaciones, la apertura, la excitación,
campanadas en el pecho con tan sólo una mirada
y el tintineo de sus alhajas acercándose en la oscuridad:
brazos constrictores, piernas de fuego,
refugio, bálsamo y condena,
inoculándome placeres que después me negaría.

Trueno sin relámpago, desestabilidad,
el interés de la emperatriz muda inmediatamente hacia otro títere
y la vida sigue aunque otro se adueñe de nuestra voluntad.

Insatisfecha en su apetencia,
ella gime, se agita, se lamenta,
la guillotina trabaja sin descansar,
la primavera que no quiere terminarse
empujando la cima cada vez más alto, golpe tras golpe de suerte,
sucediéndose a sí misma donde sólo campeonan las veteranas,
caprichosamente determinada a vivir el momento.

El descenso fue tan vulgar como sorpresivo,
insistió en esclavizarse a los antojos de un susodicho,
venerando su existencia hasta consagrarlo en una deidad,
imitando el ejemplo de aquellos que despreciaba,
experimentando abandono sin aprender lección alguna,
caballo desensillado, galope trunco,
¿Dónde quedó tu sequito, emperatriz?
Seguramente ellos sepan dónde escondieron tu sonrisa.

Destronada, ríe como preámbulo a un llanto ahogado,
las lagrimas se llevan el rímel hasta la pera,
caen sobre las baldosas juntos a pies desnudos de uñas esmaltadas que ya no componen más fantasías.

Corre la voz más rápido que la luz:
¡La emperatriz ha caído en desgracia, regocíjense los verdugos,
le han rebajado el precio y hoy camina entre los mortales!

Aunque el suelo esté cerca hoy
no es el final para nuestra consentida,
ella nació para gobernar,
sus rodillas pronto se aburrirán de la suplica
y buscará palaciegos que le auxilien su patrocinio,
tanteará picaportes hasta que uno ceda,
permanecerá exultante a pesar de todo
(a pesar de las derrotas, de las humillaciones, de las repatriaciones),
la derrota sólo parece destacar su belleza.

¡Aléjense de las ventanas, cúbranse las orejas,
ella golpeará sus puertas, ella pedirá sus nombres!

El canto de sirena sólo tiende a mejorar.

jueves, 5 de noviembre de 2015

la distancia valiente.


Es de suma importancia cruzar puentes de incomodidad,


para dar el primer paso hacia el primer beso
–para desinhibir ese vínculo ficticio,
para finalmente pegar el salto,
para tomar impulso y lanzarse
por el todo o la nada
exponiéndose al rechazo, al drama histérico o a que lo señalen equivocado
para animarse
a cubrir
la distancia
valiente
que separa
el ferviente anhelo de un pulmón flechado por el amor
del momento en que todas sus ensoñaciones cristalizan en vigilia,
que desprende los últimos recortes de vergüenza que aún puedan estorbar–
un lugar es tan buen como cualquier otro,  
el marco ideal se distingue tanto más por la intimidad
que por la comodidad que pueda ofrecer
pero, cuando los dos salieron al patio
y ella dijo "vení, es por acá"
y lo agarró de la mano
y lo arrastró tras sus pasos,
él pudo no darse cuenta que, por un instante,
se habían alejado de la vista de todos
y atravesaban juntos la frescura del jardín
recién bañado de lluvia y de noche
sostenido en las manos de la mujer que amaba.

domingo, 1 de noviembre de 2015

terminaba de olvidarte cuando sonó el teléfono.




La telefonista se presenta bajo tu nombre y me descoloca,
no es tuya la voz al otro lado de la línea,
no fueron tuyas las manos que discaron mi número.

Quedo suspendido en un torbellino de ayeres arremolinados,
en algún lugar entre un destino burlón y la más hiriente casualidad.

–¿Me escucha, señor? –pregunta la usuaria circunstancial de tu nombre
sacudiéndome de la pesadilla.

Contestó que "si", la escucho hablar sobre planes de telefonía prepaga,
la interrumpo, la detengo, le ahorro saliva,
le digo a ella lo mismo que te diría si algún día se te ocurre llamar:
gracias pero no me interesa
y cuelgo.

Afuera el sol se tropieza con el horizonte intentando escapar al final del día,
volcando sus colores en los techos de las casas de Villa Zula,
una manada de pibes pasa riendo y gritando a la salida del colegio,
la perra les ladra para que se callen,
el verano anda cerca ya.

A mí me toca empezar a olvidarte de nuevo.