jueves, 5 de noviembre de 2015

la distancia valiente.


Es de suma importancia cruzar puentes de incomodidad,


para dar el primer paso hacia el primer beso
–para desinhibir ese vínculo ficticio,
para finalmente pegar el salto,
para tomar impulso y lanzarse
por el todo o la nada
exponiéndose al rechazo, al drama histérico o a que lo señalen equivocado
para animarse
a cubrir
la distancia
valiente
que separa
el ferviente anhelo de un pulmón flechado por el amor
del momento en que todas sus ensoñaciones cristalizan en vigilia,
que desprende los últimos recortes de vergüenza que aún puedan estorbar–
un lugar es tan buen como cualquier otro,  
el marco ideal se distingue tanto más por la intimidad
que por la comodidad que pueda ofrecer
pero, cuando los dos salieron al patio
y ella dijo "vení, es por acá"
y lo agarró de la mano
y lo arrastró tras sus pasos,
él pudo no darse cuenta que, por un instante,
se habían alejado de la vista de todos
y atravesaban juntos la frescura del jardín
recién bañado de lluvia y de noche
sostenido en las manos de la mujer que amaba.

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