domingo, 1 de noviembre de 2015

terminaba de olvidarte cuando sonó el teléfono.




La telefonista se presenta bajo tu nombre y me descoloca,
no es tuya la voz al otro lado de la línea,
no fueron tuyas las manos que discaron mi número.

Quedo suspendido en un torbellino de ayeres arremolinados,
en algún lugar entre un destino burlón y la más hiriente casualidad.

–¿Me escucha, señor? –pregunta la usuaria circunstancial de tu nombre
sacudiéndome de la pesadilla.

Contestó que "si", la escucho hablar sobre planes de telefonía prepaga,
la interrumpo, la detengo, le ahorro saliva,
le digo a ella lo mismo que te diría si algún día se te ocurre llamar:
gracias pero no me interesa
y cuelgo.

Afuera el sol se tropieza con el horizonte intentando escapar al final del día,
volcando sus colores en los techos de las casas de Villa Zula,
una manada de pibes pasa riendo y gritando a la salida del colegio,
la perra les ladra para que se callen,
el verano anda cerca ya.

A mí me toca empezar a olvidarte de nuevo.





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