sábado, 27 de febrero de 2016

el preguntón.





Cuando los intervalos amatorios te lleven a abaratar la exigencia,
mucho deberás cuidarte de aquel amante preguntón,
ese querrá saber si "te gusta"
y no tendrá reparos en introducir la cuestión
mientras la plenitud del asunto se aproxima,
susurrando sobre tu espalda el interrogatorio jadeante.

Ese bostezará si no lo afirmas, 
mermará en sus embates
hasta escuchar consentido su capricho, entonces
dictará enunciados soeces que habrás de replicarle como propios,
te opacará el momento con su egofagia.

Ese nada estará entregando,
nunca son ecuánimes los términos de su propuesta,
considerará cada encuentro poco menos que un favor benévolo,
una mera práctica,
puesto que no le ha llegado aún
la ocasión de penetrarse a sí mismo
y así dar por satisfecho
su autentico,
inconfeso
deseo.

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