lunes, 25 de abril de 2016

despedida sin final.




Otra noche de desvelo se tuerce para peor
cuando la puerta se abre de golpe y ella irrumpe en el escenario,
clava su mirada en los ojos confundidos, entrecerrados, desacreditados de él,
salta en la cama tomándolo por el cuello del pijama
acercando la boca del atontado a la suya
y le dice:
que nada de lo sucedido en los últimos meses fue una equivocación,
que nunca estuvo más segura de una decisión en su vida,
que ni siquiera ha estado cerca de la pena o el arrepentimiento,
que los días y las noches se han ido llenando de adrenalina desde entonces,
después, lo suelta del cuello y se baja de la cama
retrocediendo graciosamente sobre sus rodillas
y vuelve a desaparecer
cerrando con mucho cuidado la puerta tras de sí
dejando todo menos claro que antes para él.

domingo, 17 de abril de 2016

proximidad.




Las primeras estrellas perforan el cielo
y el techo se derrumba sobre mi cama vacía,
me hundo entre sabanas y languidez
mientras los minutos le inyectan cansancio a mis huesos
la piel quiere desgarrarse y dejarme salir,
paseo la vista de la puerta al teléfono y del teléfono a la puerta sin percibir indicio alguno,
nada que anuncie tu proximidad, nada que pueda interpretarse como tu regreso
recorro las fotos en la pared,
me detengo ante la sonrisa fantasmagórica de otros que ya no somos nosotros,
el papel afligido de colgar, resistiéndose a los días, a los hechos, al presente,
le presto mi oído a la calle, a los pasos en la vereda
pero sólo recojo la fatiga de un viejo Falcón  y el ladrido de perros ahuyentado a la muerte,
aprieto fuerte los puños
como estrangulando aquello que te hace no estar acá:
aquello que quizás sea otro pibe,
aquello que quizás seas vos,
aquello que quizás
sea yo.

Expulso la pesadez fuera de mis pulmones,
quizás no era el mejor momento,
quizás sea esta ciudad,
tan grande,
tan vieja,
tan llena y falta de novedad, de personas, de oportunidades,
quizás sea algo que dije, algo que no hice o deje de hacer,
quizás nunca debí aspirar a quedarme para siempre en tus ojos,

ahora la noche salta audazmente por la ventana y se posa sobre mis labios,
acaricia mis facciones deformadas por la amargura en un compasivo gesto,
envuelve mi cráneo con su negrura, lo besa hasta darle alivio
luego sujeta mis manos
y me lleva lejos de este momento.

lunes, 4 de abril de 2016

el problema con Dios.




A veces le dedicaba tardes enteras a contemplar el ojo que todo lo ve,
cuando mi familia tensaba tanto sus lazos que parecía a punto de romperse
yo me escapaba por la ventana hacia la libertad,
en busca de un marco que no me dejara sin aire
corría por callejuelas hacia el fondo del barrio
y me tendía de espaldas al suelo en algún claro del monte
y así detenía el girar del mundo sobre mi cabeza,
detenía las agujas de todos los relojes de todos los rincones de la ciudad,
detenía la tragedia que sumergía mi casa en la inexplicable rabia

Necesitaba descubrir al creador reflejando cierta humanidad,
descubrirlo soltando lágrimas por los crímenes de sus hijos,
irritándose por nuestros pecados,
apagándose lentamente bajo un parpado agotado al final del día.

Esperaba ganarme la confianza del altísimo,
recibir un guiño, una seña,
algo de lo cual servirme en el futuro
cuando la hora de la verdad llamara a mi puerta,
cuando las eventuales adversidades se presentaran en el camino.

La imaginación del niño que fui navegaba sin descanso en su iris celestial
mientras un rebaño de nubes gordas, viejas y cansadas
se arrastraban por los cielos como en una agonía
hasta que el sol se alejaba pacíficamente detrás de los árboles en ciernes
y a mí me tocaba volver
y el mundo volvía a girar
y los relojes volvían al tic-tac
y la tragedia me estaba esperando
y ninguna respuesta me cayó del cielo
y nunca vi a Dios llorar por nosotros,
ni enojarse ni cansarse ni nada:
el problema con Dios es que está en todas partes
entonces no puede auxiliarnos a todos;
un padre tiene que priorizar
y yo me quedé acá abajo,
atravesando adversidades lo mejor que pude,
dejando que fuera Dios quien me descubriera llorando, irritado y exhausto
reflejando humanidad a través de mis ojos sin fe
con la tragedia abollando mi infancia
hasta que un hombre resultó de ella.