domingo, 17 de abril de 2016

proximidad.




Las primeras estrellas perforan el cielo
y el techo se derrumba sobre mi cama vacía,
me hundo entre sabanas y languidez
mientras los minutos le inyectan cansancio a mis huesos
la piel quiere desgarrarse y dejarme salir,
paseo la vista de la puerta al teléfono y del teléfono a la puerta sin percibir indicio alguno,
nada que anuncie tu proximidad, nada que pueda interpretarse como tu regreso
recorro las fotos en la pared,
me detengo ante la sonrisa fantasmagórica de otros que ya no somos nosotros,
el papel afligido de colgar, resistiéndose a los días, a los hechos, al presente,
le presto mi oído a la calle, a los pasos en la vereda
pero sólo recojo la fatiga de un viejo Falcón  y el ladrido de perros ahuyentado a la muerte,
aprieto fuerte los puños
como estrangulando aquello que te hace no estar acá:
aquello que quizás sea otro pibe,
aquello que quizás seas vos,
aquello que quizás
sea yo.

Expulso la pesadez fuera de mis pulmones,
quizás no era el mejor momento,
quizás sea esta ciudad,
tan grande,
tan vieja,
tan llena y falta de novedad, de personas, de oportunidades,
quizás sea algo que dije, algo que no hice o deje de hacer,
quizás nunca debí aspirar a quedarme para siempre en tus ojos,

ahora la noche salta audazmente por la ventana y se posa sobre mis labios,
acaricia mis facciones deformadas por la amargura en un compasivo gesto,
envuelve mi cráneo con su negrura, lo besa hasta darle alivio
luego sujeta mis manos
y me lleva lejos de este momento.

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