martes, 31 de mayo de 2016

un hombre adulto llorando de miedo.





lo primero que hizo, después de colgar el teléfono,
fue llevarse los dedos índice y pulgar a ese pequeño espacio entre las cejas
y descansar sobre ellos todo el peso de su confundida cabeza,
cerró fuerte los ojos
en un vano intento por detener el llanto,
–que ya le venía subiendo por la garganta desde hacía rato,
arremolinándose con el burbujear etílico en erupción,
trastocando el filo de sus palabras hasta herirlo,
dejándolo en evidencia,
espantosa evidencia–
y zozobró amargamente, pleno de vergüenza,
a pesar del vacío gobernante
en la habitación esa tarde,
en la casa los últimos años
 y casi, casi, en la totalidad de su vida;
un hombre adulto llorando de miedo,
tirado en el sillón como un decorativo peluche beodo,
rodeado de botellas a medio acabar, ceniceros rebalsados
y una extensa colección de esquelas archivadas en la cajonera.

una verdad acaba de saltarle a la cara recién,
mientras llamaba para contarme algo que se le olvidó en el trayecto,
el recuerdo de los muertos lo hizo desviarse por una curva sentimental
y terminó
descubriéndose a sí mismo pidiendo entre lágrimas el final de todo esto,
lejos estoy de saber qué es todo esto y por qué debe terminar
y aunque lo imagino, él no deja aventurar nada,
corta
y algo queda sin decir
y puede que haya sido lo mejor.

lunes, 30 de mayo de 2016

reproche.




la piel se desprende victoriosa al fin, renovándose,
girones de lo que fui se apartan hacia el olvido, tributarios de vida,
pequeños rastros de torpe humanidad delatan mis rumbos
pero ese bendito aprendizaje aún permanece fuera,
nunca termina de gotear su savia dentro mío,
nunca logra del todo comunicarme paz.

tengo inquietudes que me ocupan,
me movilizan,
me traen problemas
pero estas no son,
estas son otras,
son las preguntas que me detienen,
que no quiero, que ahí te van:
qué pasó con el circulo que rompiste, dolida de tanta ofensa,
tras haber sido traicionada por todos sus componentes,
cómo se explica la compañía de las ayer traidoras en tus fotos de hoy;

y qué pasó con las manos que te soltaron, que te empujaron hasta mi puerta
como regalándote una libertad nueva que vos no querías,
regresaste a ellas cuando sanaste tus alas rotas,
rompiendo mis sueños al despegar;

y qué pasó con la pena que me vendiste, con esas "ganas de morir un poquito",
a dónde están, dónde se fueron, si parecía imposible respirar sin ellas
y hoy ya no las tenés, creo que yo me quedé con tus ganas;

y qué pasó con mi determinación
-férrea, supuestamente,
"supuestamente"-
de ya nunca más volver a escribirte un poema:
ese fragor lejano que te alcanza por las noches,
justo antes de quedar dormida,
es el sonido de nuestras voluntades cayendo;
ambas descienden violentamente por la misma espiral sin tocarse,
¿hasta cuándo seguirán así?

lunes, 2 de mayo de 2016

una especie de beatlemanía


me invade
cuando el reloj anuncia la proximidad tu llegada,
el desembarco de una fiebre recibida entre aplausos,
el aterrizaje de una estrella acá en mi barrio
y mientras la aguja barre los segundos restantes
una angustia se hunde en mi pecho
como reclamando tus manos para que la desclaven de ahí.

histéricas olas de alarido sacuden mi quietud,
desarman el suelo bajo mis pies
y arrojan ceguera a través de todas las ventanas de la casa.

el mundo dejando de girar
se parece un poco a lo que siento
cuando escucho tus pasos acercándose a mi puerta.