domingo, 31 de julio de 2016

como cambiarlo todo con tan sólo dos palabras.






la transición o el hartazgo llegarán algún día,
el mazazo caerá de sorpresa, pese a todo,
aplastando los remanentes,
lo que subsista a la desventura
hasta entonces
la ceremonia continúa:
él y ella sostienen la comedia, la complejizan,
ensanchan la trama de ilusiones, aspiraciones
y malentendidos
que media entre sus corporeidades,
acallando más de lo que dicen
aunque hablen todo el maldito tiempo.

los ejércitos que arropan en la piel están
expectantes, resueltos, determinados, encolerizados,
han alistado a sus hombres,
han calado las bayonetas
y sólo esperan la orden de atacar
o el ataque del enemigo,
lo que sea que llegue primero,
lo que sea que rompa con esta ficción de no estar en guerra,
el silencio de palabras que no dicen nada,
el abrazo y los "te quiero" que atormentan y dan alivio.

bajo las ropas quema el deseo,
el asedio es permanente,
la derrota inaceptable,
la victoria, de a ratos, una posibilidad
sin embargo, las dudas y el decoro los retienen,
a ellos, que han crecido de espaldas al mundo,
que no les quedó otra
más que agradecer no ser como el resto,
que se toparon en el mismo refugio
escapando de rutinas, familias y esquemas,
del agobio resultado de sucesivos amantes incompletos,
ellos mismos están
traicionando el más intimo de los pactos,
empeñados en disimular
el nombre que llevan escrito en la frente,
maquillando con palabras el lenguaje animal,
disimulan, impostores, la necesidad
de abalanzarse el uno sobre del otro, despiadadamente,
de hundir el fuego en el fuego y multiplicarlos,
de arremeter,
de una vez por todas,
de arremeter y ser arremetidos,
ya sin temores que demoren al instinto.

esta noche es otra noche
compartiendo la incomprensión y las soledades,
turnándose, inconscientemente, para evitar el silencio
muriéndose de ganas de que el otro deje entrever lo evidente,
creyendo que algún día podrán ser más felices
que en este momento,
con otras personas,
en otros lugares,
los muy tontos.




sábado, 30 de julio de 2016

así pasé mis vacaciones de invierno.




los días se disuelven como azúcar sobre el fuego,
atrapante melaza envuelve mis tobillos y sube
por las rodillas hasta la cintura,
calientes caricias de aro ula-ula
ascienden hasta dominar mi cráneo con su vaivén
llenándolo de pereza,
de entrega,
de sumisión,
llenándolo de ese placer que te afloja las piernas
y te doblega;
me estoy hundiendo sin dar pelea en este tifón de glucosa,
su oleaje trae el perfume dulzón de las horas quemadas
su almibarada lengua salta de una pared a otra, lamiéndolas,
untándolas con su empalagoso liquen,
la habitación entera se derrite bajo su encanto,
la textura viscosa torna viscosa mi voluntad,
no me resisto, no forcejeo, no pido ayuda,
sucumbo, entre gemidos, con una sonrisa.

ya no duele recordar
porque cada día recuerdo menos.

ya no temo despertar
porque la pesadilla se asusta cuando abro los ojos.

ya no importa lo que digan
porque nunca lo dicen en mi cara.

ya no esquivo las multitudes
porque me da lo mismo
si tropiezo con los ayeres en ellas o no

ya no pierdo el tiempo
porque lo comparto,
los días y las noches tienen otro matiz desde entonces,
ahora estiro la mano y descubro otra piel que me secunda
con calidez y ternura que se renuevan cada mañana

y no sé cuántas de ustedes puedan decir lo mismo

y tampoco me interesa.

domingo, 24 de julio de 2016

tatuaje de golondrinas.




Esta flecha que llevo en el pecho no duele,
no incomoda, no pesa, no lastima,
ella me acompaña desde siempre
somos grandes amigas
envejecemos juntas
vemos pasar los días por la ventana
mientras esperamos al tirador fugitivo,
al dueño de nuestra pena,
acostumbrándonos
de a poco
al desencanto,
a que nos decepcione.

Puedo llorar escondida en el baño,
todos los días, un ratito, programada,
con la cara hundida en una toalla,
soltando lágrimas calientes
destinadas a mi padre,
a su ausencia
insoportable,
es un precioso secreto
(que nos hermana)
y te pido, por favor,
que lo rescates del olvido.

Dos golondrinas clavadas en la piel
me cuidan, me advierten, me orientan,
son un colorido recordatorio
de la fuerza concentrada en mi pequeñez,
de la belleza que traigo
y espera ser descubierta,
que no se borra con la ingratitud
de cobardes y fantasmas
que coincidieron conmigo
en tiempos y espacios ya perdidos.
Puedo volar
llevada en alas de mis amigas,
por encima de las casitas del barrio,
ligera como una hoja,
hasta desaparecer entre nubes
y llegar a donde quiera
y hacerlo como quiera,
cuando se me antoje.

¿Qué hay en el mundo que no esté a mi alcance?

Si yo ya miré
detrás de las cortinas de humo
que sostienen la perfumada alegría
de los que me hirieron
y no tuve miedo.

No.