sábado, 30 de julio de 2016

así pasé mis vacaciones de invierno.




los días se disuelven como azúcar sobre el fuego,
atrapante melaza envuelve mis tobillos y sube
por las rodillas hasta la cintura,
calientes caricias de aro ula-ula
ascienden hasta dominar mi cráneo con su vaivén
llenándolo de pereza,
de entrega,
de sumisión,
llenándolo de ese placer que te afloja las piernas
y te doblega;
me estoy hundiendo sin dar pelea en este tifón de glucosa,
su oleaje trae el perfume dulzón de las horas quemadas
su almibarada lengua salta de una pared a otra, lamiéndolas,
untándolas con su empalagoso liquen,
la habitación entera se derrite bajo su encanto,
la textura viscosa torna viscosa mi voluntad,
no me resisto, no forcejeo, no pido ayuda,
sucumbo, entre gemidos, con una sonrisa.

ya no duele recordar
porque cada día recuerdo menos.

ya no temo despertar
porque la pesadilla se asusta cuando abro los ojos.

ya no importa lo que digan
porque nunca lo dicen en mi cara.

ya no esquivo las multitudes
porque me da lo mismo
si tropiezo con los ayeres en ellas o no

ya no pierdo el tiempo
porque lo comparto,
los días y las noches tienen otro matiz desde entonces,
ahora estiro la mano y descubro otra piel que me secunda
con calidez y ternura que se renuevan cada mañana

y no sé cuántas de ustedes puedan decir lo mismo

y tampoco me interesa.

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