martes, 19 de julio de 2016

el ciclista.




De todas las luchas internas que me habitan
ella es la única que no encuentra paz,
ella se calma y recrudece todo el tiempo
inclinando la balanza para un lado y para el otro
como el caprichoso oleaje de la marea,
zamarreando a su gusto mi voluntad,
disolviendo los castillos levantados con tanto esmero,
marcando la puja entre lo que soy y quiero ser,
entre un fofo candidato a enfermedades coronarias
y otro deportista con la ruta quince como pista.

Tengo un secreto no tan discreto:
a la hora de la siesta me convierto en ciclista,
cambio el placer de soñar dormido
por la pesada tarea de hacerlo real,
de posibilitar, de materializarlo,
de verlo y vivirlo con los ojos abiertos,
forzándome a ser lo que no soy:
forzando mi cuerpo lejos de pantallas y teclados
forzando mi cuerpo dentro de unas ridículas calzas XL
y, cabalgando goma sobre el asfalto, forzándome avenida arriba
hasta unir Villa Zula con La Balandra.

Atrás dejo el tibio sopor de Santa Tristecita,
su iglesia, pinos raquíticos y gauchos en F-100,
las canteras que me dieron su frescura cuando niño,
arroyos, cañaverales y cardos resecos,
tarascones de perros domésticos y de los otros,
la sensación de estar preso con tanto alambre de púas,
de estar libre como el cielo flotando sobre campo abierto,
el fastidio cuando pomposos conductores de Eco Sport
me rebasan a un pelo de distancia, a toda velocidad
y la cadente figura de las maratonistas
sudando bajo el sol, apartándome de mi objetivo.

Entallado en mis calzas,
desaparezco horizontes bajo mis ruedas,
desaparezco las dudas,
pierdo toda mi fragilidad,
me libero del peso, como si despertara de un mal sueño,
como así lo dijo la chica de las bicicletas:
"todo lo malo se suelta, si pedaleás lo suficiente",
ella tenía razón
y ese momento llega
dando la vuelta sobre la rotonda,
soy una pluma en brazos del viento,
soy un tratado de paz para mis partes,
y es en ese momento
donde el deportista y el derrotista se hacen uno,
se miran,
se abrazan,
se entienden,
se perdonan,
se alejan
y hasta mañana
o hasta la próxima vez que haya ganas de pedalear.

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