lunes, 12 de septiembre de 2016

el viento que sopla desde adentro.



la última vez
fue como todas las anteriores,
una excusa cualquiera
para chocar su rutina con la mía,
otra invitación a cerrar juntos el día
compartiendo un rato de nada,
de encerrarse a mirarnos
de buscarnos la risa,
de peligrosas palabras
acompañadas de disimulados roces
y vacilantes contemplaciones.

la última vez
compartimos un rato
lleno de esa tensión
que tanto se parecía
a una puerta a punto de abrirse
empujada por el viento
(secreto que sopla desde adentro
necesitando salir
para dejarnos entrar).

la última vez compartimos un rato
lleno de esa tensión
que incomoda y atrae,
que se insinúa
como la previa de algo revelador,
de un pasaje
muchas veces transitado
con la imaginación
pero desconocido a la piel.

la última vez
le llevo un chocolate
y ella me da un fuerte abrazo,
acaricio a su gata,
vemos tele agarrados de la mano,
le doy mi opinión
sobre colores de esmalte para uñas
y peinados y canciones y personas,
y me tenso
todo el rato que compartimos
hasta que,
pretextando un demoledor cansancio,
me dice "no te enojes, me voy a dormir,
nos vemos otro día".

no me enojo,
ni siquiera después
que no nos vemos nunca más,
que ya no vuelvo a tensarme
imaginando qué hay detrás de esa puerta,
si es para mí lo que hay dentro,
si soy yo el que debe abrirla,
si otro día,
capaz
que sí. 


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