domingo, 4 de septiembre de 2016

transitorio.




anoche agotaron juntos la fantasía,
se adornaron hasta saciarse
de aparatosas palabras
(previamente expropiadas a otros
y que ninguno insertó con propiedad),

de apetecibles propuestas
(que encendieron y sostuvieron con hambre
a los espíritus)

y de elogios desmedidos
(computándose mutuamente
un interés llamativo
con el que ninguno estaba familiarizado),

entusiasmados, ¿qué cosa no se dijeron,
qué oscuros rincones de la intimidad
quedaron sin transitar?
desbocados, estrenando lenguaje prohibido,
pulsión tras pulsión,
bombeando sangre al centro de las piernas,
soltando lengua, consumando,
por anticipado, detalle a detalle,
el crimen,
rozando el fuego,
imantándose,
perteneciéndose,
prometiéndose saltar de la ficción a lo carnal
desnudar los secretos que la respetabilidad entorpece
y así cursaron las restantes horas
intercambiando calideces a través del monitor
y alargando la despedida
hasta que el cansancio venció a las ganas
y disipó la tensión generada a fuerza de labia.

hoy el altar amaneció en otro lado,
los huesos calientes bostezan
de sólo pensar en arrodillarse
delante del mismo santo,
ayer se desvive,
hoy se olvida,
se desvive,
se olvida,
se desvive y se olvida,
se interesa y se desinteresa
a una velocidad que supera el asombro,
son como rayos que nunca terminan de caer,
flashando a través de la noche,
iluminando sin impactar,
persiguiendo estímulos que imiten ser vida
mientras disfrazan
profundas soledades
de incontables compañías.

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