jueves, 20 de octubre de 2016

días que atrapé con mis manos.



acá guardé todas las cosas que quiero,
lo que me urge salvar del olvido,
lo diminuto a los ojos de Dios,
lo que me desveló tantas noches,
lo que me distrajo cuando tenía que estudiar,
lo importante.

acá estoy yo,
estás vos, está ella, está él,
están los pibexc y las pibas,
estamos nosotros, todos, ellos,
nosotros-somos-ellos,
está la perseverancia de mi madre
junto al amor duro de mis hermanos
y el regalo
que me dieron:
sobrinos y ahijados
que trajeron
esperanza, renuevo, posibilidad
y está Eleuterio,
Eleuterio está siempre y en todo lugar,
está Villa Zula y El Mondongo,
el 5261 de la calle Mendoza,
el 1558 de la calle Constantinopla
y el 1605 de 118 entre 65 y 66,
la Montevideo y la diagonal 79,
está el río, el monte, el puente Jones,
las canteras donde bañamos nuestra niñez,
están todos los colores de todos los cielos
que giraban sobre nuestras cabezas
mientras íbamos creciendo,
¿te acordás? ¿se acuerdan?
de todos esos veranos saltando la tranquera de Don Luis y los Juanes,
del chalet azul en 46 y 173,
del Varieté, del Favero, del Pasillo,
de la vez que fuimos a Ramos y terminamos en La Salada,
está todo eso y también
está el sueño de tener un mundo mejor
para todos y para todas,
están los brazos de la Ludmi como abrigo,
como alivio, como armadura y llave para la ternura,
estamos todos los que tenemos que estar
y una puerta abierta
además
para que entren todos los que quieran
y para que salgan los que no quieran estar.

acá dejé un espacio en blanco para vos
y un final abierto para nosotros,
lo escribimos cuando quieras, aparecé, que no es tarde,
que aunque el tiempo se va
cuando nos juntamos parece que vuelve.

acá está el verano de 2009,
octubre de 2008,
el 22 de diciembre de 2007
y otros días menos felices,
todo el tiempo que perdí esperando
llamadas perdidas, mensajes privados, saludos y despedidas,
la tristeza que escondí cuando preguntaste cómo estaba,
el abrazo que nos dimos cuando Antonela se fue a Brasil,
la vez que Juanita preguntó qué era la adolescencia
y todas las veces que Agustín Abalo salvó mi vida,
los corazones que rompimos
siendo torpes, crueles o descuidados,
el que nos rompieron
siendo torpes, crueles o descuidados,
todas las veces que lastimamos
siendo torpes, crueles o descuidados,
el perdón que no dimos y también el que nos negaron,
el silencio que guardamos,
las voces que nadie escucha,
mi voz,
la tuya,
la de todos,
la que viaja por el aire desde una esquina en Villa Elvira
para el mundo,
para y desde los otros mundos
que son un montón
pero están en este.

acá están los días que atrapé con mis manos,
un grandes éxitos que armé con amigos
con el Sebi, con el Juani, con Facundo,
con todos los demás,
para que nadie se confunda
y se crea que nos callamos
cuando había tanto para decir.

acá están todos, los libero, los hice libro,
se los entrego, me exorcizo, me comprometo
a que el próximo no diga noche, ni grilletes ni corazón,
a que los días sean vividos y compartidos
y no atrapados frente al monitor.













lunes, 3 de octubre de 2016

ballotage.



todo el tiempo estoy entrando y saliendo
de la bajeza, de la acechanza, del monitoreo,
se prende y se apaga el deseo,
se prende y se apaga y no hay nada;
navego inicios llenos de todo
menos de aquello que me desvela:
un destello, una huella, un indicio
que me hagan sentirla cerca,
venidera, amorosa, determinada,
tal vez repuesta de viejos enojos
tal vez dispuesta a volver a probar
y no ya definitivamente lejana.

el día que espero nunca llega,
la esquiva notificación,
las tentadoras solicitudes
no caen rendidas a mis pies
y yo no me animo a salir a buscarlas,
en vano renuevo la esperanza,
en vano me acuesto pensando
que el tiempo va a devolverla
o servirá
para pensarlo mejor
y olvidarse
o decidirse
y dar el primer paso
para la segunda vuelta.

ventanas y muros me dicen que no,
buzones virtuales vacíos,
odioso mutismo telefónico,
días y días de apilar excusas
para seguir siendo un cobarde
que se contenta con la soledad,
ordeñando la ganas de entre sus piernas, todas las noches,
acariciando recuerdos borrosos de la tibieza de otra piel,
un corazón bosteza y otro lamenta
que habiendo tanta emoción en puja
resulte vencedor el orgullo
o ese miedo que usa el orgullo como antifaz.

a veces
un pulgar se le escapa
y se me clava en los ojos
como invitándome a creer
que aún sigo presente
en algún lugar de su pantalla
y que está ella
pendiente de lo mismo que yo,
de que algo suceda,
haciéndome creer que existió una historia
que aún se está escribiendo
o definiendo
ahora mismo,
mientras tipeo,

llevándome de nuevo al comienzo de esta paranoia
que se alimenta de caprichos y goza de muy buena salud.