lunes, 3 de octubre de 2016

ballotage.



todo el tiempo estoy entrando y saliendo
de la bajeza, de la acechanza, del monitoreo,
se prende y se apaga el deseo,
se prende y se apaga y no hay nada;
navego inicios llenos de todo
menos de aquello que me desvela:
un destello, una huella, un indicio
que me hagan sentirla cerca,
venidera, amorosa, determinada,
tal vez repuesta de viejos enojos
tal vez dispuesta a volver a probar
y no ya definitivamente lejana.

el día que espero nunca llega,
la esquiva notificación,
las tentadoras solicitudes
no caen rendidas a mis pies
y yo no me animo a salir a buscarlas,
en vano renuevo la esperanza,
en vano me acuesto pensando
que el tiempo va a devolverla
o servirá
para pensarlo mejor
y olvidarse
o decidirse
y dar el primer paso
para la segunda vuelta.

ventanas y muros me dicen que no,
buzones virtuales vacíos,
odioso mutismo telefónico,
días y días de apilar excusas
para seguir siendo un cobarde
que se contenta con la soledad,
ordeñando la ganas de entre sus piernas, todas las noches,
acariciando recuerdos borrosos de la tibieza de otra piel,
un corazón bosteza y otro lamenta
que habiendo tanta emoción en puja
resulte vencedor el orgullo
o ese miedo que usa el orgullo como antifaz.

a veces
un pulgar se le escapa
y se me clava en los ojos
como invitándome a creer
que aún sigo presente
en algún lugar de su pantalla
y que está ella
pendiente de lo mismo que yo,
de que algo suceda,
haciéndome creer que existió una historia
que aún se está escribiendo
o definiendo
ahora mismo,
mientras tipeo,

llevándome de nuevo al comienzo de esta paranoia
que se alimenta de caprichos y goza de muy buena salud.


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