miércoles, 7 de diciembre de 2016

caricias de sal.



una cabeza descansa sobre la arena,
salitrosa espuma blanca se acerca hacia ella,
apenas la toca, se vuelve a alejar,
vino a buscarla, tiene una cita, la quiere besar,
susurra promesas de alivio en oídos hambrientos de calma,
juguetea con su pelo,
el mar la acaricia hasta hacerla dormir,
después la envuelve, como a un regalo,
y se la lleva,
despacito pero con determinación,
detrás del horizonte,
hacia el fondo del Atlántico.

desbocados caballos blancos
se lanzan al tropel sobre la conciencia
pisoteando amargas preocupaciones,
desintegrando ciudades caóticas
llenas de clamoroso tránsito,
de autos enojados y gente que abandona perros,
de bocinas, de linchamientos, de black Fridays,
de trabajos que no alcanzan para los impuestos,
de impuestos que no alcanzan a los empresarios,
de bocas llenas de la palabra "pueblo"
que nunca besaron el suelo,
de yeguas y de gatos,
de distancias que vencen a les amigues,
de amigues más fuertes que la distancia,  
de relaciones extrañas que empiezan mal y terminan peor
y de ese incurable -y excesivamente fiel- miedo a volar.

un dragón se cansa de escupir fuego
y necesita beberse el océano de vez en cuando,
todo esto pasaba por mi cabeza
mientras sacabás esa foto
que nunca hiciste revelar. 

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