jueves, 19 de enero de 2017

un recuerdo muy caro.



Dijiste
que vos también
estabas muy bajoneada por todo,
que en tu casa no había entrado el agua
pero que a unos vecinos sí,
lo mismo a unos parientes, en La Plata,
que a la tarde pasó gente pidiendo por tu barrio,
que te asustaste y no abriste la puerta,
que eso te hizo sentir peor,
que juntaste dos bolsos grandes de ropa
y un bidón de agua
y lo llevaste hasta uno de los centros de acopio,
que no sabías qué más podías hacer
y que
–si bien la idea de viajar en bondi hasta Retiro
y de ahí en tren hasta 3 de Febrero
se te hacía recontra pesada–
sabías que la íbamos a pasar de lujo,
que no nos íbamos a arrepentir
y tenías razón.

Yo te conté lo que había visto
desde el colectivo
yendo a la casa de 29:
las pilas y pilas y pilas
de muebles, de colchones y de ropa arruinados
que la gente sacaba a la rambla de 60,
que el chofer llegó hasta plaza Irigoyen
y tuvo que dar la vuelta,
que todos parecían partidos al medio
mientras baldeaban las veredas
y desagotaban la tragedia
que la inundación había filtrado
dentro de sus hogares
y que en la casa de 29
las cosas no estaban mejor,
que Fede había llegado a la madrugada
y se encontró a la perra subida a una mesa del galpón
temblando de miedo
y que el bajo de Jorge estaba flotando en el pasillo
y que el olor era un asco
y tenía razón
la hermosa casa de 29 olía a ratas ahogadas
y en el patio del fondo,
sobre una cama de dos plazas,
había miles de fotos
descoloridas y retorcidas por la humedad,
la historia de una familia diluida
por la especulación inmobiliaria,
la negligencia estatal
y la voracidad del sector privado,
y estaba Franco desarmando los equipos
y tirándoles aire caliente con un secador,
diciendo "y qué vamos a hacer, ya está"
tratando de reírse
de alguna manera
...
y hasta reproduje para vos
cada detalle
de cuando fuimos al barrio Los Tobas
a llevar agua y alimentos para los evacuados
y la señora gorda forcejeando a las puteadas
por un paquete más de fideos
y cómo yo había llorado
cuando volví a casa

y vos dijiste que lo entendías,
que también te sentías mal
pero que
si lo hacíamos
no nos íbamos a arrepentir
y tenías razón
pero al final no fuimos
y así fue
como nos perdimos a Regina Spektor en Geba.

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