viernes, 31 de marzo de 2017

el mensaje sos vos.



Te invité al recital de poesía y no viniste,
te dediqué un poema que no escuchaste,
lo recité con gracia y encanto que desconocía en mí,
lo interpreté con vehemencia de dramaturgo,
electrizando palabra por palabra,
modulando la entonación,
regulando el fuelle pulmonar con soltura,
acentuado con mi expresión los pasajes más tortuosos,
conmovido por su sentido profundo y devocional,
somatizando la dolencia
que me producía evocarte en cada verso
como si estuviera confesando que te quiero y me gustás
delante de un puñado de gente desconocida
que no tenía los elementos necesarios
para decodificarte a vos
-la receptora encriptada en el mensaje-
y concluí, alzando la mirada por encima de la audiencia,
deseando más que nada haber dado en el blanco
o al menos encontrarme una sonrisa, un guiño, un algo
que me dijera que si,
que lo habías recibido,
que lo entendías
que era para vos,
que eras para mí
que estaba todo bien,
todo dicho,
"al fin"
pero no
tu "asistiré"
fue otro click
de esos que se regalan
y por el cual pagué
un exorbitante costo
de ilusiones malversadas.


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