sábado, 11 de marzo de 2017

este cuerpo.



este cuerpo
asimétrico, hinchado, incompleto,
que ha sido huésped de sucesivas palmadas devenidas en puñal,
que ha dado asilo a fantasmas ajenos,
que produce un tufo a risa marchita,
a sueño oxidado,
a expectativa defraudada,
este cuerpo es otro peldaño en el acenso a la cima,
otra página concluida,
arrancada, perdida, olvidada,
huerto donde sólo florece
la amarga dureza de cierta vejez cretina,
figura cuya anatomía despierta la mirada burlona,
homicida,
abiertamente desdeñosa
de hombres y mujeres,
niños,
jóvenes
y ancianos
que sueltan su veneno en susurros a mis espaldas;
este cuerpo
se balancea indefinida,
tortuosa
y caprichosamente
sobre la ruina
y el remordimiento,
sobre la ruina
y la posibilidad de empezar de cero
por enésima vez.

esta boca
dañina, cobarde, soez
que se embeleca ingenuamente al decir tu nombre,
que pierde todas sus palabras audaces
cuando audacia se requiere,
que no se cansa de buscar orejas donde esconder su pena,
que me introdujo venenos de secuela irreversible,
y esta garganta
que se retuerce con violencia
cual si fuera una serpiente decapitada
toda vez que le toca revelar aquello que sucede bajo la piel.

estas manos
coronando brazos de convicción vacilante
que se han demostrado incapaces de torcer un destino;
gélidas, torpes, incomprensibles manos
que inútilmente tantean la vida
en procura de aquello que no pueden tener,
aquello que desvanecen con su toque,
aquello que aman
y que continuamente alejan
debido a su tosca ignorancia.

estas piernas,
forjadas en la inquietud,
de redundantes trayectorias,
incansables buscadoras de problemas,
articuladas por rodillas que dos por tres besan el suelo,
remalladas con tornillos tras memorable paliza,
a cuyo fin plantaron dos pies de huella endeble,
son piernas que no responden a mi voluntad,
que persisten con sus errores, que son tercas
y cada crepúsculo
vuelven a llevarme por derroteros
de aflicción y congoja.

estos ojos tornados acuosos
que evidenciaron parcialidad hacia lo sombrío,
meros charcos nada profundos de lágrima ególatra.

este cuerpo
es mi cuerpo,
un cuerpo, en resumen:
experto, ávido y demacrado
de y gracias a la drasticidad
que lo alimenta,
que lo embrutece
y nunca lo satisface;
un cuerpo
al que una vez creí posible desintegrar mediante palabras
–que todavía no encuentro,
que busco,
que me desvelan,
que ya encontraré–
que se resiste a encajar en los moldes
que su tiempo le ha ofrecido
y que no se va a callar
hasta que el mundo se haya cansado de escucharlo
y que seguirá destilando en poesía
sus más de cien kilos de sensibilidad
hasta que los heraldos alados entren aullando por la ventana
y tras una serie de turbadoras rondas sobre la cama,
recojan sus alas y aterricen a su lado
depositando suavemente sobre su pecho
la conclusión de esta tragedia.


No hay comentarios:

Publicar un comentario