lunes, 20 de marzo de 2017

lugares peores que el olvido.



Ese maldito rayo de luna
está cayendo en el lugar menos indicado,
llegó atravesando lejanos cielos de nocturnidad,
perforó la superficie liquida del estanque
y aterrizó,
pálido y saltarín,
justo encima de la carnada,
exaltando la belleza del corazón
sangriento, expuesto, violentado,
travistiendo el hiriente filo que lo ensarta,
que me llama, que me tienta,
que me invita a morderlo
y morir lo más cerca posible del placer,
su oferta no debería inquietarme
si no fuera porque jamás pierde su vigencia
y porque verme tentado
no es algo a lo que quiera acostumbrarme.,
qué torpe resulté como anguila,
desvelada entre ronquidos,
atendiendo el sonoro transcurso de los minutos,
intentando ser otra cosa distinta a la que soy
-subrepticia, viscosa, escurridiza-
si yo ya sé cómo voy a terminar:
con la boca agujereada,
con el cuello partido,
con mi cadáver fotografiado,
despellejado y trozado,
con los fragmentos de mi alma rebozados en ajo y perejil,
que no faltará el que diga que tuve gusto a pollo
y que la firme tozudez de mi espíritu
será expulsada en un victorioso eructo
después pasaré al olvido
haciendo escala en peores lugares primero.

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