lunes, 27 de marzo de 2017

nombres falsos.



conocí a una mujer de nombre falso
que iba por ahí aplicándole curitas
a un mundo herido de muerte,
que hospedaba en su pecho la angustia de miles,
que aguantaba las paredes
de otra dependencia estatal desfinanciada,
que acompañaba desconocidas
a través de oscuros túneles
donde no siempre había luz al final
o siquiera un final,
que envalentonada
sonreía en el medio de la balacera
porque  "militar necesita alegría".

conocí a otra mujer de nombre falso
que llevaba kerosene en la mochila
para reanimar los fuegos
de ollas populares,
madrugadas en vilo
y corazones helados,
que escondía su rostro
(de qué, de quién, nunca lo supe),
que transitaba los márgenes de la gran ciudad
armada con ideas y una piel dura
revistiendo misterio, ternura y coraje,
que sostenía con fuerza la convicción
en la palabra
que es "la llave maestra
que abre la puerta de todas las prisiones".

hermanadas por la lucha
estas mujeres lamentaban cierta incapacidad
para seguir su propio consejo
de fortaleza, de claridad, de auto superación,
no permitían en otras las lágrimas
que ellas mismas soltaban a solas,
sumergían su dolor en océanos de gente
agitando el tsunami que se llevaría puesto
a eso que les había quitado la identidad,
desfigurándoles la esencia, los cuerpos,
bautizándolas en la clandestinidad.



hay buenas noticias para estas pibas:
mañana el nombre falso será sólo un recuerdo
de un mundo que ellas pudieron transformar.  


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