viernes, 21 de abril de 2017

enfermedad de pies, manos y boca.



el médico dice que todo va a estar bien,
que este cuadro es rarísimo en adultos,
se ríe diciendo que las probabilidades
son ínfimas,
ridículas,
prácticamente nulas,
"de una en un millón" señala,
"de una en un millón" repito.

el vademécum regresa al bolsillo del guardapolvo,
la puerta del consultorio se cierra
y lo que sigue es un desmayo gradual,
fundido a negro,
crucifixión,
cámara lenta
cayendo
en reversa.

imposible saber cómo vuelvo a casa:
limosina, colectivo, taxi o coche fúnebre,
limosna, calesita, poni o coche de bebe,
la fiebre se mete conmigo a la cama,
me besa los pies, las manos, la boca,
me acurruca entre ardientes caricias,
le pone alas a mi espalda y juntos despegamos,
volamos por encima de las casitas del barrio,
desaparecemos.

visitamos lugares que sólo vi en sueños,
kilómetros y kilómetros de violenta geografía,
colores familiares para el inconsciente,
paisajes de un planeta virgen pero viejo,
cuadritos en un calendario que no tiene números,
viñetas de una historia que no tiene diálogos,
capítulos de un libro que está deshojándose,
un viaje que se termina mucho antes que mi asombro,   
alas que se despluman rebobinando horizontes,
ojos que se llevan lo que no agarran las manos
y el pobre dedo índice pasará
eternidades
girando el scroll,
rastreando lo que vimos
sumergidos en ese caldo mágico
y febril.


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