miércoles, 28 de junio de 2017

autorreferencial.



Al yo de hace diez años le faltaba perspectiva
y le sobraba introspección,
miraba la vida pasar
a través de unos lentes más gruesos que éstos,
lejano cuadro en exposición
al que jamás imaginaba poder meterle un brochazo,
se escondía en el baño
a escuchar Julieta Venegas,
espantoso y excitante saborcillo clandestino,
temprano refugio de una sensibilidad
hasta ese día desconocida,
paranoico deporte de riesgo
acelerador del ritmo cardiaco,
vulnerable sensación desbordándolo,
abrazado al grabadorcito
que le hablaba en primera persona
susurrándole al oído
"se delicado y espera,
dame tiempo para darte
todo lo que tengo",
arriesgándose al bullying
que por entonces tenía otro nombre
y era práctica cotidiana,
enderezadora de blandengues
que nadie quería en su equipo
y qué tragedia la hombría
puesta en duda por los pares
que cachondos cuchicheaban en las duchas,
comparándose y exagerando
usos, tamaños, alcances,
adolescente caldo de hormonas
disparado a través de las piernas,
cartuchos de blanco liquen
nublador de conciencias vagas,
dormidas hasta la fecha.

Al yo de hace diez años le faltaba cancha,
desperdició un campeonato entero de oportunidades,
imaginarias portadas de El Gráfico
claveteadas en pecho sangrante,
agenda llena de números
que nunca se animó a llamar,
evitó incomodarse incomodando,
arregló una cita por MesSeNger,
le costó superar el "quiero",
se encontraron en lo de "coso",
caminaron bajo la lluvia,
esquivaron baldosas flojas,
despertaron internas fieras,
desplegaron secreto encanto,
regresaron de madrugada,
detuvieronse en una esquina,
se miraron por largo rato,
esperaron que algo pasara,
envolvieronse en el silencio,
rompieronlo estando hartos,
chasquido atroz de mejillas,
despedida con gusto a poco,
los dos queriéndolo todo,
lo confesaron
cuando era tarde.

Al yo
de hace diez años
le tocó
descubrir que no sabía besar
porque siempre pedía permiso
y se apuraba al principio
y la cortaba un cachito antes
y respiraba como agitado
y empujaba demasiada lengua
y a veces abría los ojos
y le atraía más el mordisco
y no le importaba egresar,
ni mejorar su técnica
ni practicar,
chicuelas de abrazo asfixiante,
hermosa docencia a escondidas,
placentero aplazo en boletines,
probando esta boca y aquella,
faroles rotos a piedrazos
hasta que a un sims
llamaron Francisco
y el aludido flashó noviazgo,
procedió en acto solemne,
sosteniendo mano y mirada,
pronunció palabras guionadas,
fracasó como el Challenger,
desintegrándose en el despegue,
matemática embrollera de giles,
pileta vacía en verano,
cabeza rota en pedazos,
lección repetida mil veces,
sensatez versus corazonada,
después cayó la nevada:
nos agarramos el pedo del año,
volvió zig-zagueando la Econo,
descorchó en el sillón a oscuras
y brindó por futura revancha
secretamente sabiendo
la nulidad de sus chances.

Al yo de hace diez años
le hubiese encantado saber entonces
lo que a los golpes aprendió después,
dejándose la piel en el apuro de vivir,
redefiniendo a cada segundo los puntos cardinales,
tartamudeando a la hora de nombrar su deseo,
llenando silencios de innecesario palabrerío,
desencantándose -episodio tras episodio-
con todo aquello que se salía de sus planes,
planificando no obstante,
acumulando desazón bajo del caparazón,
careteando bienestar para no hacerlas bajar,
tropezando con los restos rotos de la dignidad,
saliendo de una encrucijada crucificadora del cuore
para meterse en otra más cruenta que las anteriores,
precipitándose testarudo en la siguiente hondonada,
¿hondonada? ¿dije hondonada? quise decir onda nada,
el detector de onda-todo demoré en desarrollarlo
y me quedó pendiente la patente que lo garantice
mientras tanto seguí testeando pulso, discurso y dermis,
sondeando alteraciones de acuerdo a mi proximidad,  
agradeciendo -más tarde que temprano- haber sido así
y no de otra manera:
un soñador, no una pesadilla,
un dormilón, no un pesado,
un descanso, no un peligro,
un recuerdo -tal vez difuso-
y no un -ya definitivo y vergonzante-
arrepentimiento.

Hace diez años
yo
me cegué de tanto ver fotologs,
creí descubrirme en algunos posteos,
memoricé fotos, colores, canciones,
me equivoqué y lastimé
en la misma medida que fui
confundido y lastimado,
esperé hasta caer dormido
a que el amor de mi vida iniciara sesión,
me perseguía de más en su ausencia,
odiaba sus estados no disponibles,
descifré  -o creí descifrar-
secretas alusiones encriptadas
en algún lugarcete de la ventanita
que se abría y me alegraba,
que me encendía a cualquier hora
de un violento sacudón para los sentidos,
presto y más que dispuesto a dar respuesta
a cualquiera propuesta que pudiera salir,
que nunca salía y que yo no hacía
pero qué viaje nos dimos
chateando meses hasta el amanecer,
tornando enojoso al entorno
como un tornado en un torneo de truco,
se volaron las cartas de la mesa,
me desaparecieron las llaves de tu casa,
se las llevaron "ellos" en el allanamiento,
re Capuleto, re Montesco, re inservibles villanos,
fusilándome un pretexto en un mensaje de texto,
desperté en un baldío de José León Suaréz,
cubierto de mugre y de Rocío,
no hubo Rodolfo que haga mi relato :
hay un fusilado que vive, que sueña, que ama,
que busca el perfume que lo acompañó esa mañana,
hay un fusilado que vive, que sueña, que ama,
que lleva tu nombre tatuado en la cara.

Hace diez años
yo
fui delicado y esperé,
les di tiempo para darme
todoloquetengan,
no sé si sabían
que todavía hay tiempo
(bocha de tiempo)
si queda algo para dar,
y vos,
¿de quién estabas enamoradx en 2007?


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