jueves, 1 de junio de 2017

lobers.



La vez que empujamos los lobos a la pileta
fue una bisagra pesada chirriando en la oscuridad,
un cambio de página que casi nos mata,
un párrafo denso escrito con plumas y espadas,
la sangre chorreaba de los cuchillos,
la tuya del mío, la mía del tuyo,
parecía chamuyo,
desafiladas facas empuñadas con rabia,
temblorosas, calientes, enrojecidas de ira,
en manos instruidas en y para el cariño,
roles invertidos por el influjo de la rotación terrestre,
calendario maya-sincronización-desencuentro,
danza de muerte la noche del martes,
feroces tangos bailados bajo la luna llena,
miradas punzantes al centro de las piernas,
espumeante bronca saliéndose de las bocas,
braguetas desabrochadas, dispuestos a todo,
entrecortadas respiraciones a cada rose desposeído,
alborotados, cachondos, vengativos, irracionales,
mirándonos con odio, exhaustos de tanto guerrear,
orgullosas rodillas y lágrimas tibias en la mejilla,
reguero de pólvora neutralizador de narices
sin olfato para el peligro que rodeaba la escena,
miopes lecturas coyunturales,
dosmildiescisiete desgarrador de lazos,
regalándonos como idiotas a los de afuera,
conjurados-amantes-cofrades-amigos
devenidos en pijotera-puja-pejo-tista,
farfullando falacias  que lastimaran al camarada,
disparando a quemarropa sobre la cara de la que amabas,
la manada se acercaba y nosotros meta culpa y castigo,
que te mato, que te quiero, que te la subo, que te la seco,
que perdóname, mejor andáte, podés quedarte, cuándo te veo,
nos faltaba Edith Piaf gorgoreando tristes estrofas,
parisino gorrión girando en bandeja expropiada,
la tropa riéndose a carcajadas minutos antes del asedio,
olvidándose de la guerra, de los miedos, del cansancio, del tedio,
ufanándonos de la luz diáfana que entraba a raudales
por la ventana arruinada del caserón hecho trizas
balacera en las escaleras hasta encasquillar metralletas
contrincantes adoctrinados cayeron sobre el cabo Upham,
despavorido testigo de la muerte de Mellish
reducido en un tris a las estrellas de David
daga de honor hundiéndose en su pecho hebreo,
impávido camarada nazi cumpliendo con su deber
y nosotros dos empericados, subidos al cuadrilátero,
derechazo en la sien de un Cupido intrépido,
desplumando al bribón por habernos flechado,
empacados quedamos fisurando la porcelana
hasta que vinieron de afuera a querer sacarnos ventaja.

La vez que empujamos los lobos a la pileta fue gracioso
porque toda su intrepidez a la hora de acecharnos
no les sirvió de un carajo cuando se nos vinieron encima,
apenas un salto, un giro y ya está,
se re cagaron ahogando
entre espeluznantes aullidos y pataleos,
luchando estúpidamente contra la muerte,
motivo que aprovechamos para celebrar,
triunfo bendecido a salivazos,
amor gamberro y desvergonzado que hace milagros,
te escupí, me escupiste, nos besamos, te mordí,
dijiste que más despacio, nos enredamos,
rodamos por el suelo sobre la sangre y la pena,
derretimos la nieve de todos los inviernos del mundo,
ay, qué lindo momento cuando se terminó. 


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