lunes, 3 de julio de 2017

arte es travajo.



escribir un poema
de esos bien modernos
que desprecian la forma,
que privilegian contenidos,
continuaciones de militancias varias,
confesionales, aguerridos, coyunturales,
con perspectiva de género y lenguaje inclusivo,
que permanecen incompletos
hasta su lectura en un recital
acompañados por el murmullo de les amigues
que atienden, fotografían, transmiten, se emocionan, se empedan,
que a veces aplauden antes
o se olvidan de aplaudir después,
repartidos como pueden por los rincones
de la pensión, pe-hache, pasillo o centro cultural
entre banderines,
luces navideñas,
birra en vasos de plástico
y morfi vegan.

escribir un poema
de esos bien modernos,
que de tanto privilegiar contenidos
los han convertido en la nueva forma,
que se originan en la disputa de lo cotidiano,
que se trabajan en los huequitos del día,
que se publican en las noches de facebook,
cosechando más likes que lecturas,
compartidos antes que asimilados,
multiplicándose en los inicios
de las pantallitas telefónicas
titilando como fueguitos
en los ojos de les que vuelven a casa agotades,
trajinados por el estudio, la asamblea, el laburo,
un poco náufragos en la marea de gente,
buscadores de algo a lo qué aferrarse
para no tener que sumirse en la generalidad,
yéndose a pique con la bici, la bandera, la guitarra,
agradecidos por el hallazgo
de esas manchas de tinta,
flotando sin rumbo
en la navegación.

escribir un poema
candidato al olvido
que arranque diciendo
a mí no me convenció el esquema anterior
y este menos,
y no te das una idea lo tonte que sonás
cuando decís "Macri gato",
sonás casi tan tonto
como les que apodaron "la yegua",
y mientras esa pelotudez transcurría
esta cultura de insumisas voces,
no redituable para estrategia gubernamental alguna,
siguió resistiendo clausuras lo mismo que ayer,
bancando el correteo zonzo y errático de sus leguleyos,
apilando sobre sus espaldas vil redada sobre vil redada,
patadas en la jeta de soñadores
que siguieron en la misma
porque creían
fervientemente
en esto
tan reacio
a las definiciones,
en este espacio sostenido por encallecidas manos
de pibes y pibas que no se cambiaron la camiseta
porque en cuero siempre andaban
consecuencia directa del calor en el pecho
desconocida sensación para el servicio de calle,
que dos por tres frenaba sus camionetas
y se arrimaba con cara de pésame
aclarando el garguero antes de solicitar
papeleta que jamás facilitaron,
documentación extraviada en sus despachos,
notificaciones de encuentros peligrosos para su bolsillo,
invocando señorialmente a una legislación incompleta,
disculpándose de maneras poco convincentes
tener que cumplir con su trabajo:
"es mi trabajo" decían
y con eso justificaban todo,
dábanle extremaunción
a un esfuerzo que desconocían,
porque escapa a sus lógicas de mercado.

ellos que trabajaban cerrando espacios,
poniendo candados,
clausurando,
coimeando,
trabajaban con la tijera,
con la mordaza,
con el bozal,
trabajaban a destajo,
arremetiendo ciegamente
contra cuanto foco disidente aflorara,
descuartizando esta figuración del hombre nuevo
que -estoy convencido-
es la mujer,
son las mujeres,
sepan todes ustedes:
arte es travajo,
yo trabajo,
vos trabajás,
él trabaja, ella trabaja,
nosotros trabajamos
vosotros qué hacéis
esclavos del honorario,
perros de caza municipal,
carroñeros encañonados encariñados con la tarasca,
santificándose cada mañana delante de Rocas y Evitas,
fantaseando con atrapar un cardumen de verdes ballenas australes,
por qué no sacás la faja y te quedás un rato acá,
sacá el candado, guarda la chapa y pará la oreja,
acá estamos y no nos vamos,
somos nosotrxs:
ni estatales ni privadxs,
cien por ciento autogestionadxs.

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